domingo, 20 de febrero de 2011

Triste noche en la Gavidia

Hay calles que bien parecieran hechas para el tránsito de cofradías, lugares que se convierten en algo más que un lugar marcado en los programas cuando pasa tal o cual hermandad, calles que una vez al año parecen recuperar el esplendor de antaño, espejismo de lo que fueron un día, sabor de barrio que se recupera al paso de su cofradía, calles que hoy cruzas llevando de la mano a tus hijos, igual que ayer las cruzabas de la mano de tu padre o de tu abuelo, son esas calles que sin tú saberlo forman la geografía única de la Semana Santa de cada sevillano.
Pero hay algunas calles que son para ti, completamente distintas, son esas que has cruzado año tras año con tu cofradía, esas en las que distes tus primeros pasos vestido de naveta y asido a la vara de tu padre nazareno, calles que han pisado tus pies desnudos cuando acompañabas al Señor de tus devociones o donde has disfrutado como costalero al sonar esa marcha que es mucho más que la banda sonora de nuestras vidas. Son esas que tu Hermandad cruza desde mucho antes de que tú llegaras a este mundo, lugares que aguardan a la Cofradía, ya fuera a la vuelta o a la ida desde hace casi sesenta años (*), calles que guardan secretas historias que se repiten año tras año, Cardenal Spínola, la plaza de la Gavidia o la calle de las Cortes que ahora guardan tantas historias y que hoy se ven sustituidas caprichosamente por otras para conmemorar la efemérides menor en el tiempo de un patronazgo lleno de ausencias que -a la vista  ha estado- importa poco a la otra parte; de una Hermandad que pronto, muy pronto, será centenaria, y que aunque hoy no pase por sus mejores momentos no puede ni debe darle la espalda a su propia historia, esa que dicta de donde vienes,  porque parafraseando a Séneca, sólo el pasado es cierto por que el presente es brevisimo y el futuro incierto.
Por eso este Martes Santo, cuando la Cruz de Guía de La Bofetá tome dirección hacia Conde de Barajas se estará consumando uno de los mayores despropósitos de su historia pues no hay mayor desatino que no ser fiel a si mismo, y así llenará de tristeza a esas calles que tan bién contribuyeron, para que el sello de nuestra cofradía en la calle, a pesar de tantas cosas, también tuviera ese sabor inconfundible de toda la vida. Era tan sencillo, como haber recuperado la vuelta antigua por las Cortes y ya que se modificaba a la ida, haber incluido estas calles en la vuelta.
Algunos bien podían leer aquel artículo de Juan Delgado Alba en que hablaba de la Alta noche en la Gavidia o de las magníficas crónicas de nuestra vuelta por Cardenal Spínola, lástima que nada de esto podamos vivir este año en que el Martes Santo será una noche triste al pie del zapatón de bronce de Daoiz en la Gavidia en donde este año no chorreará la cera de los nazarenos albos de San Lorenzo.
Estamos seguros que algunos, los de siempre, aquellos que no ven mucho más allá  de la hoja de cálculo y desconocen nuestras señas de identidad, veran en mis palabras un nuevo contrasentido, nada más lejos de la realidad, aquí siempre estamos con la mano tendida dispuestos a echar una mano, pero en estos tiempos- y más los que vive nuestra corporación- hay que pensarse mucho las cosas antes de dar un paso en falso. por un capricho personal. Eso sí, por si alguno tiene alguna duda, que no dude, de que estaremos, si Dios quiere, como siempre sacando nuestro cirio del Señor ante Anás.
Y esto no lo digo por llevar la contraria a nadie, sino porque como dijo el ya nombrado Lucio Anneo Séneca:
Nemo patriam quia magna est amat, sed quia sua. (Ninguno ama a su patria porque es grande, sino porque es suya).

(*) La Hermandad de Jesús ante Anás viene transitando la Gavidia y Cardenal Spínola desde al menos 1954 cuando residia en la Iglesia de San Antonio de Padua. En aquellos años y hasta 1973, ya en San Lorenzo, interrumpidamente lo hizo a la vuelta, cosa que repetiría en 1977. Desde 1975 y hasta nuestros días lo hizo a la ida, con la excepción de 1980 (por obras) y 2003 en que cambió el recorrido el propio Martes Santo por cuestiones de la lluvia.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Unas manos unidas por un cordón


Hay nazarenos de Sevilla, que no lo son sólo el día que sale su cofradía, sino que incluso en la forma de ponerse un abrigo o andar por la calle reflejan sus formas, de tal manera que incluso cuando los ves revestidos con el hábito de su cofradía llegas a reconocerlos, pues no pueden negar que en su vida diaria son fiel reflejo de su cofradía en la calle.
Así hay nazarenos de ruán que al verlos pasar desprenden a su paso toda la elegancia mayestática de su cofradía silente y otros, que son capaces con un solo gesto de traerte el recuerdo de la elegancia popular de sus cofradías de capa, esas que engloban a todo un barrio, con la misma desenvoltura con la que lo harían   durante tantas horas bajo el anónimato del antifaz.
De esos nazarenos de cada día, siempre tenemos el recuerdo lejano de aquel profesor que cada mañana de nuestra niñez en aquellos Buenos Días tan propios de los hijos de Don Bosco, paseaba entre las filas de su clase con la elegancia de un nazareno del Lunes Santo, alguien que cada día lucía orgulloso el escudo de su hermandad en lasolapa, en aquellos tiempos en los que hasta en un colegio como el nuestro, los cofrades eran tachados de bichos raros si hablaban de cofradías fuera de la cuaresma.
Fue precisamente él, durante un recreo de esos que tenían el gusto inolvidable de una grande con sobrasada de Juan,  quien un día nos contó entre otras anécdotas del Amanecer de una Cofradía la  hermosa historia de un cordón prestado que ataban las manos de su Cautivo y que curiosamente lo unían para siempre con aquella devoción que eran puntal para tanta gente - ni que decir tiene que más de cuatro-, pues aquel era el cíngulo que un día llegó de San Lorenzo para unir las manos del Cautivo de Santa Genoveva. Aquel mismo cordón que años más tarde volvería a unir esas manos para reafirmar la unión de tantas cosas.
Por aquel entonces no llegabamos a comprender cuanto ese cordón y esas manos iban a unir tantas cosas de nuestra vida, y es que en ese cordón y en esas manos cautivas están unidas mucho más allá que las devociones de un barrio o de una ciudad.
Unidas por esos lazos se fortalecieron amistades, esas que se mantiene contra viento y marea mucho más allá del tiempo y de la distancia, amistades que se fraguaron lejos de aquel hoy ya viejo y casi extinto nuevo arrabal y de aquellas manos a las que los Lunes Santo seguía el barrio entero, pero que a pesar de la distancia estaban tan presente en aquellos recreos de los días de cuaresma en nuestro colegio trianero, con aquellas preguntas tan pueriles, si se quiere, de aquellos concursos de Semana Santa con los que tanto disfrutaba no solo el viejo profesor sino los imberbes alumnos.
Yo se que ahora, esas manos del Tiro de Linea están unidas por el cíngulo hermano del que Todo lo Puede, y así hoy, hay que buscar en ese nudo el consuelo y la misericordia de los duros momentos de la vida para  buscar en la mirada paciente del Cautivo la explicación para tantas cosas que duelen y de que manera, cuando se reabren esas heridas del alma que el tiempo apenas había empezado a cicatrizar.
Ya se sabe que la vida siempre marca sus pautas, como el redoble eterno de la caja en la marcha Amarguras, pero siempre nos queda, verdad Pablo, esa unión de un nudo, que en las manos de nuestro Cautivo estan llenas del Gran Poder de nuestra Esperanza.

viernes, 4 de febrero de 2011

Los cuatro del Gran Poder

 
Confieso que no tengo memoria para recordar la primera vez que entré en su Templo, hoy Basílica, quizás por que la primera vez que entré en su Casa lo hice en los brazos de mis padres cuando apenas contaba algunos días de vida, quizás mis padres fueran dos de esos cuatro a los que el (im)pertinente entrevistado, Pedro G. Romero, se refería en su entrevista del Diario de Sevilla de hace algunas fechas cuando comentaba: Cuando yo llegue a Sevilla, [ ...] Al Gran Poder iban a verlo cuatro.
Quizás este artista, tampoco se refiera a aquellos devotos del Señor a los que conocimos vistiendo su hábito, camisa morada y cordón amarillo al cuello, y que entre los muchos que tratamos por su importancia en nuestra vida -muchos más del número de cuatro-, destacaremos a dos Manolos, a Carmona y a 'El Quemao', con lo que ya entonces tenemos a otros dos, y como la suma no engaña dos y dos son cuatro...
Más de cuatro había, en aquel fogonazo que a manera de recuerdo borroso viene a nuestra memoria de aquel día en que por Condes de Barajas venía su túnica morada confundiéndose con la luz de la tarde en el que quizás es nuestro primer recuerdo especial del Señor en nuestra vida, o aquel otro recuerdo imborrable de cuando apenas un adolescente de la mano de nuestro padre metimos apenas el hombro en su parihuela cuando el Vía Crucis del 86, en el que le puedo asegurar al señor G. Romero no eran precisamente cuatro los que rodeaban su paso.
Como nunca conocimos sólo a cuatro llegando cualquier viernes a San Lorenzo para depositar un beso en su talón y musitar una oración...
Creo que es muy fácil caer en la provocación y hablar de cuatro, cuando se habla del Señor, ese que se sucede en los azulejos de las casas de Nervión, Heliópolis, Ciudad Jardín o del Porvenir, ese que acompaña la cabecera de los enfermos de los hospitales, ya sean los de Fátima o Macarena o las cunitas de los recien nacidos en el Sagrado Corazón o Virgen del Rocío, a ese al que le cantaba aquella saeta de Vallejo en los años republicanos que no recibió el Señor el calor de las oraciones en la Madrugada...es de muchos más, tantos que posiblemente, pasan los años y los siglos y siempre está, multiplicando cuarenta veces por cuatro los que son, igual que ayer y como lo serán mañana, de su Gran Poder, esos que formaran parte de la nómina de cofradía o de la más extensa nómina de sus devotos, esa que no entiende ni de ideologías ni de políticas , y por supuesto, mucho menos de vanguardias.

Puntilla a la Feria Mundial del Toro


En estos tiempos en que la fiesta necesita de revulsivos, se demuestra que una vez más son los propios taurinos, los que realmente viven de ella, los que se encargan de darle la puntilla.
La Feria Mundial del Toro, ha sido todos estos años una cenicienta de FIBES, que ya desde su primera edición, se comprobó que no cumplía las expectativas, pues aquello no tenía el público que arrastraba el SICAB, al que siempre, por mucho que lo nieguen, se pretendió emular y así anualmente los contenidos fueron menguando para un año terminar dándole el cerrojazo con la excusa de una convención de la OTAN y ver que la decadencia aconsejaba convertirla en una feria bianual, que ha sido a la postre su gran perdición.
Pero todo lo anterior son excusas, porque lo que realmente fallaba allí era el apoyo de quienes de verdad son la fiesta, aquellos que lejos de abrir la Feria Mundial del Toro se encerraban en ella para convertirla en su propia feria de las vanidades.
Son ellos, precisamente quienes viven de la fiesta y del toro, quienes no han sabido o a lo peor no han querido rascarse los bolsillos y que aunque ahora se esconden tras el burladero de la falta de apoyo de las instituciones, - dicen que han faltado sólo 300.000 € del millón que costaba el evento – quienes realmente le han dado la puntilla a esta Feria, cuyo fin no era otro que fomentar el mundo del toro.
Es muy triste que en estos tiempos en que hay que dar la cara y sacar pecho por la fiesta sean los propios taurinos quienes le den la puntilla al toro del fomento de la afición, al fin y al cabo,  son esos mismos que cuando llegan las ferias empiezan a darnos la puntilla a los aficionados, cuando nos currán con los precios de los abonos y las entradas que huyen de fomentar la afición y donde se ofrecen unos festejos, en los que cada día se fomenta, eso sí, el dar gato… por toro.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Nuestros años irreparables



Las casualidades de la vida, nos han traído de nuevo a la calle Condes de Bustillo, justo a esa misma hora en que la sirena del Patio de Básica -desconozco como lo llamaran ahora, pero para mi generación siempre se llamará así- marcaba la segunda llamada y nos venía a la memoria los recuerdos de aquellas mañanas, frías como las de este invierno, en que formados en el patio recibiamos aquellos Buenos Días cargados de enseñanza que nos preparaban para cada jornada y que siempre culminaban con aquella jaculatoria dedicada a la que siempre fue el Auxilio de nuestras vidas.
Volvían a nuestra memoria tantos recuerdos, tantos compañeros, tantos profesores, que tenían en aquel mismo lugar el eje por el que giraba nuestra existrencia, pues nuestro colegio no era sólo el lugar donde nos formábamos, sino también el lugar donde se fraguaba nuestra vida entre juegos y no sólo de lunes a viernes, pues cada sábado, y casi a la misma hora que entre semana, también nos acercábamos a él para participar de aquel Oratorio Festivo que eran fundamental para nosotros en aquellos años y que hacían buena aquella frase de Manolo 'el Quemao', cuando algunas tardes nos despedía hasta el día siguiente con  un : -Sólo os faltaría traeros la cama...
Todos aquellos recuerdos de nuestros años irreparables nos acompañaban mientras recorríamos la calle Condes de Bustillo camino de San Jacinto, como en aquellos tiempos, dos veces cada día,para acá y dos más para allá, en aquellos por entonces nuestros días triunfales.
La vida pasa, y hoy contemplamos desde la distancia aquellos tiempos, y parece que estamos saboreando la sobrasada de una grande de Juan en aquel ambigú del campo de fútbol, mientras que se acerca el Miércoles de Ceniza y alguien te cuenta que este año saldrá por primera vez en su cofradía, porque que el otro día, en un día de Quinario juró las reglas y tú sabes que este año estrenaras capirote que atrás quedó para siempre la esclavina azul de los navetas, ya pronto nos podrán le ceniza en la iglesia dando el pistoletazo de salida del tiempo que eternamente, igual que hoy, ayer, esperas...
Ya estás a la altura del teatro y echas de menos las bouganvillas, las hiedras y las enredaderas que cubrían la verja del colegio, y ves entreabierta la puerta que da acceso al patio redondo, y a lo lejos ves los azulejos trianeros que visten sus paredes, llenos de citas que más de una vez han sido referente en tu vida. y recuerdas que hace 75 años que se inauguró el colegio, tú que vivistes el cincuentenario de la casa, hace justo venticinco, y entras en la Iglesia y allí te espera Ella, esa que tanto sabe de tus cosas, y que entre tantas devociones va presente en tu cartera, y le das como siempre las gracias por volver a aquel lugar,-Da mihi Animas Caetera Tolle- donde hicieron buena la divisa de los hijos de Don Bosco de formar buenos cristianos y honrados ciudadanos, y que igual que a ti para otros tantos fue mucho más que un colegio, porque aquello realmente era nuestra segunda casa, allí donde se fraguaron, verdad Rafa, nuestros dichosos años irreparables.

sábado, 29 de enero de 2011

Besos huérfanos


Enero avanza con sus días de lluvias, chaparrones de la vida que calan hasta lo más hondo de nuestra alma dejando los surcos de los goterones resbalando por los cristales; y con las heladas de sus noches frías, esas que en el interior del hogar ni te enteras, al aferrarte en estas noches de ausencias, al calor de aquellos besos que se habrán quedado impregnado con tu aroma entre las sábanas y que seguro servirán para ahuyentar la escarcha que la madrugada dejará a su paso al rayar el alba.
María, seguramente, ya esbozará desde su cuna de viaje aquellos balbuceos de sus conversaciones inacabables que se guardarán para siempre en el azabache de su mirada, mientras tú te aferras al sueño deseando que no suenen los sones solemnes de aquella marcha que a modo de despertador te hará darte de bruces con la realidad, aquella que no es otra que la de sus ausencias.
Y así estarás, huérfano de sus besos, aquellos besos que te sirven para vivir cada día y para remontar tantas cosas en el camino, los besos siempre prestos de quienes son tu vida y  tu esperanza y que tanto echas de menos en estas mañanas cuando no los tienes, que en la vida cotidiana, se valora tanto lo que es ajeno que hasta que no pierdes aunque sólo sea por un instante lo que es tuyo, no sabes cuanto te duelen aquellas cosas que son de verdad parte de tu vida.
Vuelta al pasado, como tantas veces, volver a estar aferrado al teléfono, al correo electrónico, a la webcam o incluso al facebook para sentir vuestros besos, los besos de nuestra vida, esos besos huérfanos con los que hoy amanecemos, pero por los que también hay que dar gracias en estas mañanas, porque por mucho que duela vuestra ausencia, sabemos que a diferencia de aquellos besos del pasado, vuestros besos de hoy son los del presente de nuestra vida, en la que si no estuvierais, no tendría sentido hoy, este sentimiento de ausencia.

miércoles, 12 de enero de 2011

La noche que nació el Mucho Betis


Hay momentos en esta vida que son inolvidables, y entre los vividos en nuestra pasión balompédica guardamos con especial emoción el de aquella fría noche de febrero de 1994 en que tras eliminar al Barcelona del Dream Team, la fiel infantería verdiblanca, se echó a la calle a celebrar aquel triunfo que sabía a gloria tras tanto tiempo de pesares.
Aquella noche, se nos olvidaron las tres largas temporadas que llevábamos penando por aquellos campos de segunda, igual que ahora, pero con la diferencia de que mientras ahora estamos lideres y el objetivo se ve cada día más cerca, por entonces, estábamos no sólo lejos de conseguir una plaza de ascenso sino tan siquiera de acercarnos a una plaza que permitiera jugar la promoción.
Aquella noche fría de febrero en la Plaza Nueva empezó a nacer un grito, el Mucho Betis,  que venía a sustituir a aquel manque pierda que se forjó en los momentos más duros del beticismo. 
Curiosamente aquel Betis fue, como siempre, capaz de la gesta ante el grande y de sucumbir ante el rival fácil, pues tras ganar en el Nou Camp, perdería días más tarde contra un equipo llamado Villarreal que no era ni mucho menos lo que hoy ha llegado a ser, lo que  terminaría provocando que llegara al banquillo un hombre fundamental en la historia moderna del equipo de las trece barras, Lorenzo Serra Ferrer, quien apenas unos meses más tarde no sólo conseguiría devolver al Betis a la Primera División, en aquel glorioso triunfo de Burgos, sino que lo llevaría a vivir las páginas más gloriosas de nuestra historia moderna.
Pero antes que llegara todo aquello, fue aquella noche fría de febrero del noventa y cuatro, en que aquel Betis, de segunda, perita en dulce apetecida por los grandes para pasar unos cuartos de final, hizo sucumbir al Barcelona de Cruiff , equipo que por entonces no sólo maravillaba en la liga española sino también a Europa y con ella al mundo entero, gracias a aquel gol de Juanito.
Aquella noche en la Plaza Nueva volvieron a ondear las banderas verdiblancas de nuestros sueños e incluso San fernando en su estatua terminó abrigado con una bufanda con los colores del Betis, mientras algunos votaban sobre el escudo de chinos de la plaza, y es que como titulaba la portada del ABC del día siguiente, Así es el Betis.

sábado, 8 de enero de 2011

Varas de medir


Somos los sevillanos, aunque nos duela reconocerlo, a veces de pedir el carné para no dar nuestra complacencia y aunque no se pueden olvidar otras cuestiones, eso es lo que le puede estar ocurriendo a Monseñor Asenjo con ciertos sectores a los que, quizás su forma de ser, castellana de Sigüenza, pueden haberlo hecho no calar del todo en ciertos ambientes de la ciudad, y que sus mensajes, con la claridad recia de Castilla hayan podido ruborizar más que no calar, en los momentos que nos ha tocado vivir, hay que llamar a las cosas por su nombre y no pretender seguir comulgando con ruedas de molinos.
Es por ello, que a pesar de los esfuerzos que se aprecían en quien hoy ocupa la silla de San Isidoro por integrarse en nuestras tradiciones,sin tener por ello que renunciar a sus formas, las varas de medir por parte de algunos siguen siendo excesivas y parecen que buscan la anécdota como clavo al que aferrarse para no dar su brazo a torcer y seguir buscándole pegas al Pastor .
Sus formas, distan mucho de las de su antecesor, ni mejor ni peor, simplemente distintas, pero a diferencia de Fray Carlos ya le hemos sabido apreciar detalles, quizás a  lo mejor menos solemnes, pero que demuestran su gusto por que la liturgia se desarrolle con la máxima solemnidad, y demuestra su entusiamo.
Esto ocurrió el pasado jueves, cuando terminada la procesión claustral por la plaza de San Lorenzo con la que culminaban los cultos de la hermandad del Gran Poder por la festividad de la Epifanía del Señor supo, mostrar su satisfacción por las cosas bien hechas.
Y nos acordamos entonces de las varas de medir de algunos, que estamos completamente seguros que más pronto que tarde, también empezaran a valorar como se merece a Monseñor Asenjo.

lunes, 3 de enero de 2011

Aclamaciones de la tradición



Tienen sonido antiguo, como de saeta de Centeno, del Niño Gloria o de Vallejo; Con tu cruz al fuerte armado, despojaste de su imperio; quizás de villancico de Epífania, vísperas gozosas de la manifestación de tu Gran Poder, o porqué no de corrido de ciego o vocero de tu devoción que transmitiera tu fe por los caminos; este es el grande misterio, de esa cruz que te has cargado.

Aclamaciones que quizás se pierdan casi en la noche de los tiempos de tu bendita devoción, exvotos de besos depositados en tu talón, secretos guardados en tu camarín;  llevando esa cruz erguida,  tu poder obró de suerte; porque quien sabe si son obra de Fray Diego para esa novena que aún se reza en San Lorenzo pero también allí en tierra extraña, adonde llegó tu devoción que no conoce de fronteras ni de razas, y sí de quien se aferra a ti como clavo ardiendo; que a la muerte diste, muerte y a los mortales la vida.
Y así estamos hoy, días de Quinario, de abono que dirán los cabales de San Lorenzo, descubiertos de antifaces de ruán, y dando testimonio de nuestra fe, porque ya se sabe que Todo el Poder en Tu mano, el Padre quiso poner, mientras tus devotos abarrotan hasta el último lugar de tu Basílica…
La vida pasa en estos días ante nuestros ojos, porque igual que ayer fuimos llevados ante ti, hoy somos nosotros quienes acercamos a la sangre de nuestra sangre, vida de nuestras vidas, y al igual que entonces quienes nos antecedieron hoy nosotros te pedimos por las vidas que habrán de venir, Dios de la verdad,  Señor, por tu Gran Poder, salvad al linaje humano.

Días de Quinario, ayer de novena que perdura en estas aclamaciones de la tradición, que son el vivo recuerdo de la devoción viva y creciente de un pueblo…

En el atrio ha sonado, solemne, el golpe de la pértiga de  plata sobre el mármol, ayer sonaron solemnes Christus Factus Est y hoy suenan los sones tan nuestros de Coronación, el incienso sagrado perfuma el templo y avanza alzada la Cruz Basilical, franqueada por los ciriales dorados con los codales de cera tiniebla, igual que ayer, igual que siempre, y es que aunque un día ya no estemos, y gozemos de la verdad de su Gran Poder, cada año por estas fechas estamos seguros de que algo de nosotros, sangre de nuestra sangre, vida de nuestras vidas, volverá a tener una cita ante la imagen del Señor.

viernes, 31 de diciembre de 2010

Gran Poder de nuestras vidas


Un año más la lluvia nos ha acompañado en este último día del año, pero no por ello hemos desistido de llegar ante Ti; por primera vez, hemos ido juntos, en familia, como cualquier otro viernes del año, llevando de la mano a quien está llamada a heredar el legado que nuestros padres recibieron de nuestros abuelos, y que un día depositaron en nosotros, para que desde su pequeña inconsciencia vaya llenándose de esa fe que se transmite por generaciones.
Porque se va este año de alegrías, sabor  agridulce en reencuentros de guardilla y amargos sinsabores de cardos, en que al igual que se fueron para siempre momentos inolvidables de nuestras vidas;  el morado Gran Poder supo aliviar las nuevas ausencias en aquellos días en que entendimos realmente  la ternura de tu mirada.
Por eso este año hemos vuelto a cumplir el viejo rito que se pierde en el tiempo, como no cayeron en saco roto las pisadas de nuestros antecesores sobre el viejo mármol de la secreta Capilla de Alonso Fernández de Treviño, protestaciones de fe que se traspasaron con la sangre, -Corazones Traspasados siempre presente en nuestras vidas-,  de padres a hijos, de la parroquia al templo, de abuelos a nietos,  más tarde Basílica, igual que nos acercaremos el seís de enero a poner la mano sobre el Evangelio y besar el Libro de Reglas.
Así Señor te hemos contemplado, en el frío de la lluviosa mañana, revestido de Epifanía, Persia en San Lorenzo, realeza y majestad de tu Gran Poder que en estas fechas se manifiesta en el Alfa y Omega de esa túnica que encierra la teología de un pueblo, que siempre se pone en tus manos, porque en ella está su verdad, porque la vida pasa, pero Tú Señor, siempre permaneces.
Y es que en tus manos, Señor, Gran Poder de nuestras vidas, se sostiene el fin y el principio de nuestra propia existencia.

martes, 28 de diciembre de 2010

Curro Molina

 
Confieso, y para ser sincero, que no pocas veces la verdad, he ido a los toros no por los cabezas de cartel que se anunciaban con grandes letras, sino para admirar la torería de la gente de plata, de esos peones capaces de descubrir a su matador las bondades o cualidades de un toro por uno u otro pitón, mientras que su jefe de filas, hasta ese momento, aunque lo negaran después, no le veían a su enemigo más allá que las intenciones.
Hay toreros de plata que han sido de nuestra total predilección y que por el sólo hecho de ir con tal o cual matador ha permitido que a diferencia de otros, que pasaban totalmente desapercibidos, esperáramos de estos matadores mucho más que lo que realmente en principio podríamos esperar. Y es que el valor seguro de llevar un buen peón, en muchas ocasiones nos aseguraba que al menos esa tarde veríamos lo que en estos tiempos es tan dificil, una brega bien hecha o un perfecto par de banderillas.
Recordamos a grandes peones, pero sin duda Curro Molina era y es uno de nuestros preferidos, sin detrimento de sus jefes de filas (Finito y Castella en los últimos años) y aún lo recordamos con aquel traje verde botella y plata un día del Corpus de hace ya un montón de años, o aquella tarde en que el olé más rotundo en la Maestranza se lo llevó este figurón del toreo, que para ser figura no hace falta ir vestido de oro, mietras rompía a sonar la música en la Maestranza tras un capotazo por bajo que se llevaba al toro suavemente embebido en el vuelo de su capote camino del burladero.
Por no olvidar aquellos pares de banderillas en todo lo alto, impresionantes, que lo hicieron triunfar hasta hace bien poco en todas  las grandes ferias de las Españas.
Hace unos días nos enteramos de que Curro Molina, por una lesión que no termina de curar, decía adiós al traje de luces y con él a la brega con la suavidad de la seda y a los pares de banderillas cargados de torería y empaque.
Duele, que una lesión aparte así a un torero que hasta hace bien poco estaba en lo mejor de su carrera, sin ir más lejos pudimos difrutarlo esta pasada feria de Abril, pero queremos hacer patente nuestra admiración para una figura con mayúsculas, porque cuando se habla de profesionales no se entiende de estamentos ni  de escalafones y sí de figuras del toreo, y Curro Molina era, y es, una autentica figura de nuestro tiempo.

lunes, 27 de diciembre de 2010

Saudade


Pasaron por el dietario de nuestras vidas  los días, las semanas, los meses e incluso los años intentando llenar el vacío de vuestras cosas, de vuestras ocurrencias y de vuestras historias con chispazos, retales o incluso retablillos que hacían tener el recuerdo de la nostalgia siempre encendido…
Sí, ya se que es ley de vida, y más en estas fechas cuando vuestro vacío se nota en nuestras mesas, aunque sin quererlo unos vamos tomando el lugar que un día ocupasteis y quienes sólo os conocerán por nuestros recuerdos se sentaran en aquellos lugares que nosotros ocupábamos entonces.
La vida pasa, pero el perfume de la flor de ausencia permanece, en quienes no sólo hoy os recordamos, a pesar de los días de luces que nos llenan de nostalgia y que nos traen el triste trino de los pájaros como dulce música de vuestra marcha.
En esta tarde fría nos hemos llenado de melancolía y hemos buscado en el solitario banco de la plaza eso que en Portugal (Estoril siempre de nuestras vidas...) definen como Saudade.

jueves, 23 de diciembre de 2010

Las luces de la Navidad


Llevamos varios días queriendo escribir sobre la -un año más- desafortunada iluminación navideña de nuestra ciudad, carente del sentido propio de estas fechas a las que algunos se empeñan ya en llamar del solsiticio de invierno por pura provocación y de como por contra nos encontramos cada vez  más en los balcones las colgaduras anunciando la venida del Niño Dios.
Así andábamos hasta que ayer nos reencontramos con la Luz de la Navidad, esa que vive en la sonrisa de los niños hospitalizados en el Virgen del Rocío, que ayer recibieron la visita del Cartero, este año Cartera, Real.
Allí, en un recorrido por el Infantil, mientras la televisión reproducía el soniquete que repartían los niños de San Ildefonso con sus premios de pedreas y gordos, nosotros repartíamos caramelos y la mejor de nuestras sonrisas para esos otros niños, mientras que mirábamos a los ojos de esos padres y de esos abuelos tratando de aunque fuera por un minuto poder compartir esa procesión que sólo ellos llevan por dentro, buscando escuchar en esos momentos el premio gordo de una curación general que dejara solas para siempre aquellas salas...
Y allí, entre las cabeceras de las camas, nos encontramos con las manos del Cisquero, con la mirada de la Virgen de la Esperanza, con la alegría trianera de nuestra Virgen Chiquita, clavos ardiendo a los que aferrarse cuando la ciencia en muchos casos no da para remediar sus vidas...
Allí estaban las luces de la navidad que no encontrabamos en nuestras calles, la sonrisa de aquellos niños que demandan salud y la mirada de aquellos padres peticionarios de esperanza, las luces que no se apagan durante todo el año porque la enfermedad castiga siempre, sin entender de edades ni de clases...
Y así, cuando llegamos a casa, encendimos el Nacimiento, abrazamos a María y suspiramos porque un año más no nos había tocado nada en la loteria... porque para que queremos mejor premio, si esta noche podremos quedarnos mansamente dormidos con la tranquilidad de que los nuestros tienen ese gordo que se llama la salud.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Prendido de su Arrogancia


Fue aquel día lluvia de Cuaresma, en que al ir al resguardarse del fuerte aguacero que en esos momentos caía en Pureza, se encontró con Ella y desde entonces se quedó prendado completamente de su presencia, de esa excelsa belleza trianera que todo lo llena con la bendita hermosura de su Esperanza.
Desde entonces no hay semana que no vaya a visitarla varias veces en su capilla, y así completamente enamorado, vive día y noche pensando en lo que para él ya es sólo su vida entera, la luz que busca en los viejos retablos de las casas de vecinos del arrabal, la perfección de los ceramistas del barrio, la gracia que sueña cada día con el reencuentro apasionado entre un mar de capirotes verdes al cruzar por el Postigo para llenar el Arenal con su Esperanza…
Y así muchas veces, ni él mismo sabe explicar con palabras lo que siente al ver a la Esperanza, porque se le nubla la mirada y se le cuajan los ojos de lágrimas con sólo citarla, ¿será la llamada del corazón?, ¿será que Ella los cautiva y los arrebata?, ¿será que Ella los retiene con un nudo marinero del que no hay forma humana que los desamarre?, ¿será que Ella los elige para que se queden prendidos de su arrogancia? No hay respuesta para tantas preguntas o quizás sí, pero las respuestas las guarda celosa, la Bendita Capitana…
Cómo es posible, si él no es del barrio, cómo puede ocurrir si hasta entonces él huía de todo aquello que olía a Triana...
Hay razones que la cabeza no entiende porque sólo son comprensibles cuando se miran con los ojos del alma. La vida tiene estas cosas que se escriben con el verde de la Esperanza.
No le escuchareis jamás presumir de trianero, él sólo presume de su Esperanza, de la que quedó enganchado aquella mañana lluviosa de Cuaresma en que se encontró con Ella, aunque quizás fue Ella realmente quien la tomó para sí, que así siempre fue la Esperanza, y lo enredó para siempre en las redes, de su bendita Arrogancia.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Gordillo



Para quienes ya vamos teniendo una edad, su nombre nos trae los recuerdos de una camiseta rayada con un número 3, que es ya leyenda del balompié corriendo pegadita a la cal, en puro cante  grande de quejío y quiebro;  es la ilusión de una mañana de reyes esperando la vieja equitación de Meyba para correr con las medias bajas, -aunque nuestra camiseta, cosas de mi padre, llevara el 10 del Flaco Cardeñosa- como aquel nuestro ídolo de  la niñez, sobre el albero del campo de fútbol de nuestro colegio… aquel mismo lugar, donde una tarde nos firmó un autógrafo que guardamos casi como una reliquia sagrada de nuestro beticismo.
Él, superaba incluso a la eterna rivalidad de esta ciudad, pues en aquellos días no era raro ver a chiquillos corriendo detrás de un balón con la camiseta blanca del otro equipo pero con las medias bajas, signo eterno de la admiración de quienes imitaban a aquel futbolista sin importarles su perteneciera al otro conjunto, pues  por su forma de ser, sobrepasaba las rivalidades eternas que iban más allá del balón.
Hoy, aquel futbolista, que era espejo por su forma de ser de aquellas generaciones, es quien ha de presidir la institución histórica y centenaria del Real Betis Balompié, una institución maltratada por quienes presumían de su beticismo pero que tras la careta que ocultaba el dinero, jugaban con unos sentimientos que iban mucho más allá de las orillas de ese río del que un día tomó el nombre.
Hoy ese hombre admirado es quien tiene en su mano, el llevar al Betis y a los béticos hacia una libertad que no entiende de dueños y sí de sentimientos, hoy aquel futbolista de nuestra niñez es quien dirigirá sus destinos y como bético nos sentimos tranquilos porque en las manos de D. Rafael Gordillo y en las de su consejo de administración, gracias a la Jueza Mercedes Alaya, sólo podemos esperar beticismo.
Sabemos que vendrán zancadillas de todo tipo, pero estamos seguros, que saldrá airoso de todas ellas, como aquellas tardes en que de la grada salía, aquel grito unisono de:

...y no pueden con él, y no pueden con él!!!

lunes, 13 de diciembre de 2010

El clavo ardiendo


La noticia parece que es cierta, y quienes hablan de ella ya nos hace pensar que la lógica se ha impuesto a la cerrazón y la ganadería de Núñez del Cuvillo volverá a lidiar en la Maestranza, tras una ausencia tan prolongada como incompredinda por parte de los aficionados, pues no en vano, la última vez que los toros que pastan en El Grullo se lidiaron en el coso del Baratillo se cortaron cinco orejas, en aquella tarde inolvidable de Morante y  Talavante en que el segundo salió (o le regalaron) la del Principe y Morante, falto de cariño y dolido en su amor propio, le cortó dos orejas, (en nuestra opinión debía de haber sido sólo una), tras haberse ido a portagayola y haber hecho una de esas faenas inolvidables que no rubricó con la espada... 
Pero aún así, desde aquel lejano lunes del alumbrado de 2007, es muy injusto, razones aparte, que la ganadería que más y mejor ha lidiado en las últimas temporadas no viniera a Sevilla.
Aunque como no es la primera vez que nos dejan con la miel en los labios, quizás sería conveniente poner una vez más pondremos esta noticia en cuarentena...
O quizás no, porque puede que esto de Cuvillo, como hace algunas fechas fue el anuncio de Dolores Aguirre, es el clavo ardiendo que nos quiere mostrar la empresa Pagés para quemar el cartucho de la credibilidad y demostrar que aunque muchos podamos pensar lo contrario, en Sevilla, cuando se quiere,  también  se pueden hacer las cosas bien, y quien sabe si  junto con el anuncio de la ganadería de Vejer no vendría acompañada de la vuelta a la Maestranza de José Tomás... 
Un sueño, o quizás una realidad, porque podrá parecer una quimera, pero la fiesta en estos momentos necesita de ilusiones, y ver en un cartel unidos a José Tomás, Morante y el Juli, podría ser un revulsivo para una afición a la que aún le duelen las heridas del pasado San Miguel. 

martes, 7 de diciembre de 2010

Inmaculada antigua


Esta noche, que tendrá por las propias ciscunstancias meteorológicas, sabor de Inmacualda antigua, sin luces, sin micrófonos, sin apenas gente, traeran lo recuerdos de aquellas otra madrugadas, en que sin mediar palabra y casi sin proponerlo, en un día cualquiera de un mes cualquiera, con sólo una mirada y tres golpes de pandereta nos encaminábamos a los pies de la escalinata de mármol donde se posa la Virgen Blanca, o como aquella otra madrugada en que metida en agua, alguien sugirió ir a cantar bajo el Póstigo a la Pura y Limpia.
Recuerdo como aquella noche, casi sin plantearlo alguien entonó aquella copla de Miguel del Cid de Todo el Mundo en General, y como tras ello cantamos canciones de tuna, de esas que desgraciadamente ya sólo suenan hoy, cuando alguna de las becas verdemar que nos preceden toman una guitarra y entonan aquellas canciones que ya sólo suenan año tras año de Inmaculada en Inmaculada.
Canciones de tuna de ayer y hoy, canciones como En mi capa y cintas, la Estupida o Nube Gris, requiebros tunantescos al volver a escuchar en sus voces La Hiedra o Las Plazas y un repeluco que nos corre por el cuerpo al alzar las copas y recordar a quien ya no está o a quienes esta noche por circunstancias de la vida no nos acompañan mientras suenan lejanos los compases de Imágenes de Ayer.
Esta madrugada, cuando no haya nada ni nadie en las calles, apunto de retirarnos, buscaremos la capillita del Póstigo para dar gracias un año más, por volver a vestirnos de negro con la beca verdemar y convertirnos, aunque ya sólo sea por un rato, en aquel rondador que fuimos otros tiempos.

(Fotografía Antonio Sánchez)

viernes, 3 de diciembre de 2010

La beca olvidada


En estos días de vísperas concepcionistas, ya se ha sacado del armario el traje escolar que hace tiempo sustituyó a aquel, ya pardo que no negro, casi raído y sin terciopelo que aún hoy, de vez en cuando, sale a la calle, cuando algún nuevo lo necesita para volver a estrenar la ilusión, como aquella primera vez de medias verdes en aquel día que, paradojas de la vida, fue  uno de los más triste de nuestra experiencia tunantesca.
Junto al traje, ha vuelto a salir aquella vieja beca verdemar, que un día nos impusieron tras salir de las aguas de Mercurio y casi sin quererlo ha rodado el único vestigio que nos queda de una ilusión de estudiantina, la olvidada beca de fieltro azul cielo y gris perla, recuerdo de juventud, de cuando teníamos veinte años y nos poníamos el mundo, y otras tantas cosas más, por montera.
Quince años de aquella ilusión de tunería del viejo caserón de Gonzalo Bilbao, de cantar un pasodoble español para entremeter el nombre de aquella facultad, que se suponía imposible, de los imborrables recuerdos de aquella voz cantando Contigo Aprendí, de aquellos parches multitudinarios para sufragar un contrabajo o una bandera, de aquellos viajes a la provincia de Córdoba, con especial cariño a Cabra, a Lisboa o a Pontevedra donde acabamos metidos junto a una peña taurina en  un tendido de sol de una corrida de toros...  y de olvidar para siempre los artículos de plumillas que atacaban a una de las más nobles tradiciones universitarias en nombre de una falsa progresía que llegaban a cuestionar la independencia de tantas cosas.
Quince años de aquellas becas al cinto, bajo el amparo de Magisterio, cargadas de ilusión y desengaños, formas tan distintas de aquellas amamantadas en la Escuela verdemar, a la que un día por fuerza tendríamos que regresar, pero no por ello menos respetables y respetuosas a pesar de tantas diferencias.
De aquellos días, mantenemos amigos, profesionales de la información, que siempre estuvieron cada vez que les pedimos un favor, gente que apareció para darnos apoyo cuando más lo necesitábamos y menos lo pedíamos.
Hoy cuando todo se prepara para la gran noche, aquella beca permanece dormida y olvidada en el cajón de las ilusiones muertas, ese donde también duermen tantas cosas que la vida se llevó y que por algún tiempo fueron proyectos casi de vital importancia para quienes creímos en ellos, pero que siempre cuando llega Diciembre, vuelven a revolotear por nuestra cabeza y nos pellizcan el alma. 

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Diciembre


Con lluvia, con frío, con granizo, con el aroma del pan nuevo de cada día y la humedad que se mete por los agrietados muros, ha llegado una vez más Diciembre, deshojando de nuevo el calendario de este otoño del que dicen que algunos esperaban cambios y que hoy, desesperanzados y descabezados, sólo se esconden tras las máscaras trasnochadas de un carnaval que no llega. Mucho nos tememos, tras escuchar las noticias de hoy, que el invierno será aún más duro y veremos a ver como llegan o llegamos, que la crisis va mucho más allá, a la primavera.
Pero con Diciembre llegaran tantos ritos, desde volver a buscar esa obra de aquel poeta maldito en la feria del libro viejo, a buscar en lo más alto del cielo una bandera que siempre fue divisa de esta tierra, o a subir a la terraza para buscar ese musgo que se convertirá en yerba fresca que adornará el Nacimiento… 
Diciembre y sus cosas, Diciembre y sus ritos, Diciembre que siempre llega, Diciembre que siempre vuelve.
Y volveremos a cantar, porque que sería de Diciembre sin sus sonidos, canciones de ayer, trovas de seise azul, campanilleros de siempre por Sierpes o Cerrajeria, tres golpes de panderetas a los pies de la Pura y Limpia y el trinar de un laúd verdemar entre flores frescas y velas… Suenan coplas de Miguel del Cid y en las piedras milenarias aún resuenan los sones del Magnificat en las voces de las agustinas en la novena, Diciembre que también calla, que el silencio fue también musica callada de Caridad a manos llenas...
Y es que con el sabor del ajonjolí y el aroma de la alhucema quemada, con unos bollos de Santa Inés de sobremesa, mientras tras los cristales mas que llover, diluvia, nos ha llegado Diciembre, el mes que aguarda de principio a fin; entre gozos y una dulce espera; el mes que revive eterno siempre en unas manos que se ofrecen y en las coronas bordadas, majestad del Poder, de una túnica persa.
Fotografia: Antonio Sanchez

domingo, 28 de noviembre de 2010

El cartel


Un año más, la polémica está servida, los maestrantes han presentado el cartel que anunciará la temporada en la plaza de toros de Sevilla, que este año venía hasta bendecida nada menos que por S.M. el Rey, obra de José María Sicilia que según cuentan, quienes saben de arte contemporáneo, es una referencia en las vanguardias. 
El cartel de marras de este año, no es una excepción y como casi siempre, desde que la Real Corporación hizo buena la idea de Juan Maestre de dar cabida en los carteles de cada temporada al arte contemporáneo, las críticas del personal no son precisamente las más favorecedoras, quizás porque quizás las vanguardias son complicadas para que sean comprendidas por el gran público.
Es cierto, que para muchos, entre los que nos incluimos, el hecho de ser una fotografía tratada informáticamente nos ha defraudado en parte, a lo que sumamos que con los años que lleva Juan Pedro y sus satélites (lease con Z de Zalduendo) en Sevilla lidiando el medio-torito artista ponen el chiste fácil al saber la procedencia del animal retratado, pero puestos a llevar la contraria al mundo entero, como a veces parece ser nuestro sino, vamos a romper una lanza por este cartel y por la idea de los maestrantes, pues sinceramente, y a pesar de ser una fotografía, el cartel en su concepción no nos disgusta, y creemos que la función para la que ha sido creada esta obra la cumplirá con creces.
Estamos seguros, que como siempre la polémica de estos días, darán mucho juego  (ya  hay quien lo llaman el cartel  de las perchas o en palabras del amigo Javier Concu,  hasta  puede servir para felicitar a tus amigos esta Navidad poniéndole bien tu cara, la de tu jefe o la de ZP...) pero pasarán a un segundo plano cuando la empresa presente los carteles y los precios de los abonos, este año con tres festejos menos por el capricho de la luna de Parasceve, y quien sabe si la ausencia segura de alguna que otra figura o  la inclusión o la falta , en ambos casos un año más, de algunas ganaderías en las que todos estamos pensando.
Según hemos leído en la prensa, el autor comentó durante la presentación, un cartel es una puerta que abre. Y en este caso es una puerta al misterio del toro. Un cartel es un instante, que no vuelve más; una puerta para que se abra y se entre. Pero, en definitiva, una puerta al misterio.
Pues bien, para nosotros lo que mejor define estos carteles es el caso de un buen amigo, que no es precisamente taurino y que colgó en el salón de su casa un cartel de toros, el de Barceló, de los más polémicos de los últimos años.
Quizás ahí radica la gracia o quizás el misterio de estos carteles, que al principio resultan antipáticos y provocadores y que a fuerza de verlos terminan pasando desapercibidos para el aficionado pero que acercan y de que manera, el mundo de la tauromaquia a gente que está alejada de ella, empezando incluso por los propios autores. 
Quizás sólo por ello, en estos tiempos que corren para la fiesta, abrir estas nuevas puertas merecen la pena.
Y el que quiera ver carteles de Escacena, pues ya sabe, quizás tendrá que irse- siempre cariñosamente hablando- a otras plazas.

viernes, 26 de noviembre de 2010

Reencuentro


Tienen estos días de noviembre una luz agria que nos conmueve, por ello cuando llevado por la rutina diaria, las prisas cotidianas y las querencias propias de cada jornada, sin yo quererlo me reencontré Contigo, volvímos por escasos minutos a los veinte años, aquellos días de ilusiones en los que poníamos las pasiones en todo aquello que hacíamos, sin importante para nada el que dirán ni el porque de tantas cosas…
Me reencontré Contigo y volvieron los recuerdos de aquellos amores, las añoranzas de aquellos días de biblioteca en Manuales, el aroma del café de aquella cafetería del pasillo de Elaborados, la niebla de aquellas mañanas en el foso, humedad del Tagarete y tu Eterna espera, siempre esperando…
Días de ilusiones pasajeras, que el tiempo enfrió como si les cayeran el agua torrencial de un día lluvioso de otoño, días de amistades verdaderas que quedaron para siempre, amistades sinceras que están cuando tiene que estar…y de aquellas que ay, es mejor no acordarse...
Todo ello lo revivimos en un instante, el instante único e irrepetible de sentir Tú llamada, de cruzar la Lonja y reencontrarte allí, donde muy bien yo se que Tú siempre estas esperándome.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Veintiuno de noviembre



Tiene este día en nuestras vidas, mucho de rito instaurado, rito aprendido año tras año, desde aquellos lejanos días de ir de tu mano mientras saboreabamos una piruleta recien comprada en el quiosco de la plaza más bonita del universo.
Mucho de ceremonial secreto y establecido, cuando aquella mano primero se sustituía por la de nuestros padres; un día como hoy sin ir más lejos tuvimos la dicha de subir por primera vez a tu cielo; de bronce y campanas; y andando el tiempo por aquella otra de adolescente con la que ibamos buscando por las (tus) calles de  nuestra  (la) vida, aquellos besos robados de juventud -que después se convirtieron en amargos y que hoy con la distancia no son más afortunadamente que surcos en el aire y de cuando en cuando amistad confindente-, y en fecha como hoy, eran bendita excusa en días colegiales para dejar el beso al aire, como de una caricia al viento de aquella estancia de presbiterio.
Tiene como siempre este día, de la festividad de la Presentación, un recuerdo para aquel de quien tanto aprendimos y que cada día que pasa comprendemos mejor sus palabras, recuerdos imborrables de quien nos enseñó a disfrutar de la mañana de un Domingo de Ramos o un Jueves Santo, el sabor de una manzanilla sanluqueña de una mañana de feria o un atardecer sanluqueño.
Hoy como ayer y como entonces, volvemos a buscar en el aire el chasquido inocente de aquellos besos que un día dejamos, con la esperanza de volver a sentir en aquel mismo presbiterio el suspiro que nos consuele, volver a recuperar a aquel niño, a aquel adolescente y aquella mano, que un día se fue  para siempre, llenando nuestra vida de amargura.
Pero la vida guarda secretas sensaciones, y aquello que un día descubrimos y que de no verlo dábamos por perdido, ha vuelto a resurgir con un nuevo encuentro, ese encuentro inesperado torpemente para nosotros, pero que se sabía se podía dar un día como hoy, veintiuno de noviembre y así entre las esquinas angostas por la que transcurre la vida, volvimos a reencontrarnos con el rito y lo descubrimos por primera vez a quien un día tendrá la dicha de tener en sus manos el legado de lo vivido.

(Fotografía: Alvaro Pastor)

domingo, 14 de noviembre de 2010

Llueve sobre la vieja dama


La mañana de este domingo de noviembre se ha metido en agua, poniendo quizás los tonos de otoño sobre la paleta de colores de la ciudad. 
Llueve sobre la plaza hermosamente sucia en la que suenan los latines de Eslava que salen del interior del templo, donde es cierto que somos pocos, hoy curiosamente justo un año después, pero más vale así porque quienes están, lo hacemos porque lo queremos y lo sentimos y no por que nos sintamos  obligados a estar;  con diferencia de quienes estén o no; tristeza de cuando en esta vida lo sagrado se confunde con lo mundano y viceversa; que para lo contrario siempre quedará permanecer sentado en la esquina, dándole eternas vueltas de cucharilla al mareado café helado, que en esta desapacible mañana de lluvia, curiosamente no se ha servido. La vida pasa, y aunque algunos quisieran ser eternos, desgraciadamente lo hace para todo el mundo y al final memento mori que diría el clásico.
Llueve sobre la vieja dama, poniendo en sus cales el recuerdo de esa vieja  Roma andaluza que la circunda, luz moteada que se refleja en los charcos y que en la Costanilla busca las romanas maneras que se ocultan en San Alberto; mediodía de puesto, escopeta y perro, quizás hora de estrenar la botella de mosto del Aljarafe y las aceitunas gordales del verdeo del primer aliño; y hasta parece que la lluvia parece invitar a encender el primer brasero tras las cales de los muros, aroma de primera alhucema quemada y mesa de camilla que invita a estrenar la primera cabezada plenamente otoñal en la sobremesa.
Hoy, como hace un año, la vida pasa y no te enteras, pero a diferencia de entonces, por el Museo no habrá esta tarde sones de Mater Mea, que el agua impedirá la salida de la Madona del Corazón Alado... Todo pasa y todo llega, in ictu oculi.
Ya es media tarde, las gotas de la lluvia resbalan por los cristales y de la cocina sale un aroma de cafetera caliente y el sabor de un bizcocho recién horneado, María hace sus monerías de 13 meses, y se nos viene a la memoria aquella palma de los días azules que adorna un balcón cerrado que esta tarde, un año más, se quedará aguardando como en tiempos mejores y es que la vida es mucho más que esperar, aunque sea sentado a que todo cambie, tomando siempre, el mismo café envenenado.

(Fotografía: Juan Guerrero)

jueves, 4 de noviembre de 2010

Atardecer marismeño


Tiene la vuelta del Rosario desde la ermita, con la luz del primer atardecer de noviembre, aromas de romería antigua en que por unos minutos, el tiempo justo que separa el Santuario del Real, vuelve el color de lo añejo reflejado en los antiguos bordados y en el verde gastado del Simpecado trianero de nuestros mayores, que trae prendidos, como exvotos, los recuerdos de otros tiempos, sin masificaciones, sin prisas, sólo con esta  misma luz de la marisma, que imaginamos en  aquellas viejas fotografías en que quedaron inmortalizados para siempre los pasajes de aquellos rocíos del ayer, cuando, Triana se encaminaba a lo que entonces se denominaba el rodeo, y  que hoy con los tiempos, ha pasado a llamarse la presentación.
La luz  del día de Todos los Santos, nos ha traído los recuerdos olvidados de tantas cosas, de tantas ilusiones cumplidas, de tantos sueños que aún están por realizar, de tanta vida como, si Dios quiere, nos quedará por vivir, de dar gracias por tantas cosas que disfrutamos día a día, el sueño de lo cotidiano, rutina dichosa a la que en días como hoy nos aferramos; Regina Roris, Ora pro nobis; y hace que  nos deleitemos y de que manera, de este atardecer marismeño, cuando el viejo Simpecado ya se acerca a su Capilla y suena la campana, el sol brilla en el lienzo decimonónico mientras se canta una salve, (luz de Triana, Blanca Paloma...) y se gritan unos vivas, y vuelves la vista atrás y contemplas, el azul del cielo y el resplandor luminoso de la atardecida, de este primer día de noviembre, al que te aferras como si fuera la primera vez.  

(Fotografía:  Fidel Roca)

domingo, 31 de octubre de 2010

En sus manos


Hay días en los que como hoy, sólo nos queda aferrarnos a las manos del Señor, porque sólo Él sabe, el porque de los designios de esta vida.

viernes, 29 de octubre de 2010

Romero de nostalgia



Han pasado ya diez años de aquel adiós en silencio, diez años de aquella mañana de romero en las solapas, en aquel festival en la modesta plaza de Carros de La Algaba. Plaza modesta, pero no por ello menos grande, que aquellas otras plazas de primera, donde se forjó la leyenda de un torero que sobrepasó a generaciones. 
Diez años del adiós de un torero distinto, diferente, quizás único e irrepetible, al que muchos quisieron imitar mas ninguno supo igualar y que aún hoy, es referente para tantos torerillos que empiezan en  nuestro mediodía español.
Diez años de aquella mañana, en que exiliados de la Maestranza, ante los desacuerdos con la empresa; con aquel San Miguel de caídas de carteles y partes facultativos frescos en la memoria; y con el beneficio de ANDEX, rompieron el paseillo en aquella plaza de carros, que tanto sabor tenía aquel día de Estoril taurino, Curro y Morante, genial mano a mano entre el eterno torero de Sevilla y el joven en quien se depositaban las eternas ilusiones de quien debía de asumir el cetro taurino de la ciudad de la gracia.
Nada más hubiera pasado, de no ser, cuando con la tarde ya vencida, sonó rotunda en Radio Nacional de España la voz del Faraón que anunciaba que se acababa de retirar de los ruedos.
Así, sin más, casi sin inmutarse, se iba una leyenda eterna del toreo, y se llevaba con sus palabras para siempre a su gente esperándolo en el callejón del Iris, las matitas de romero en la solapa, el respeto de verlo liarse el capotillo de paseo, el paseillo con su montera calada con esos sus andares tan característicos, el saludo al usía, el verlo cambiar la seda por el capote de percal, y así tantas cosas únicas incluso hasta cuando la montera decía no...
Todo era ya distinto para quienes lo seguían, con independencia de su cuna, porque el arte no entiende de latitudes y sí de sentimientos, si bien Sevilla y Romero se compenetraban ,una con el otro y así, bien pareciera, que un recibo a la verónica era la carta de amor de un enamorado que se remataba con el beso de una media verónica.
Pero una vez retirado el mito, todo era ya distinto, y así la ciudad huerfana de su amor sentía el dolor de lo que había perdido y en pleno corazón de Sevilla, en la plaza de Santa Cruz, empezaron a sonar los sones eternos de Amarguras interpretados por la banda de Tejera.
La razón no era otra que Pepín Tristán, que en ese instante acompañaba al paso de gloria de la Virgen de las Nieves, al enterarse de la noticia, mandó cambiar a los músicos la partitura prevista y ordenó que sonaran los sones de esa música que mejor simboliza lo que un sevillano y un currista de pro, como lo era el propio Tristán, podría sentir en ese momento.
Hoy diez años después, Sevilla sigue echando de menos a su torero, quien bien parecía, que vencía al tiempo y a la vida, quien transmitía el sentimiento de saberse y quererse currista entre generaciones que entroncaban abuelos, padre y nietos.
Y así, ungida por la nostalgia, como volviendo a escuchar los sones de Tejera en aquella noche de otoño,  la ciudad en silencio, ha vuelto a colocarse una matita de romero en la solapa; nada es ya como antes, y sabe que con aquel adiós por las ondas, aquel vencedor del tiempo se fue pleno de gloria sin la necesidad de tener, como otros, que arrastrar su adiós por las disintas plazas de toros de las Españas para reverdecer los secos laureles de otros tiempos.
La hermosura, como dijo el poeta, pasa en un instante pero permanece eternamente en el recuerdo, y así  Romero permanece eterno en la memoria de quienes un día lo vieron torear parando los relojes de la vida.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Tañidos de laúd


Para Juan Antonio
Desde su raída funda, el viejo laúd en silencio nos ha recordado la fecha, esa misma que coincide en el calendario con la primera vez que cruzamos un sábado el umbral de la vieja Escuela para una aventura desconocida que se nos abría ante nosotros.
El viejo laúd sabe perfectamente que, cuando octubre busca las tablas para buscar una noche de muertos y tenorios, su caja guarda resonancias de ese pasado que nunca olvida de aquellas madrugadas tan hermosas, tañendo; bajo un bacón perdido en cualquier callejuela del brujo Barrio; aquellas melodías tantas veces machacadas, en la oscuridad de aquella habitación con aquel viejo escritorio en el que se depositaron por entonces, aquellos primeros apuntes subrayados.
Como cada octubre, por las mismas fechas, el viejo traje escolar que antes salía casi semanalmente, aguarda las fechas de los gozos de diciembre para volver a salir, sin dejar de olvidar aquellos días en que el verdemar era casi una ilusión inalcanzable que dormitaba en las aguas de Mercurio e incluso aquel traje una quimera de medias verdes al que sustituía un disfraz o aquella bata blanca de urgencias en aquel viaje de la vida tunantesca.
La vida pasa y hoy, cuando la oscuridad del otoño nos cobija, vuelve a renacer la ilusión como aquel primer día, en que sin ser nada ya lo éramos todo, un sueño de juventud, una fantasía, una canción, una cinta bordada al viento, tres golpes de pandereta o el bordoneo de una guitarra…
Sí, ya se que cada día soy más viejo, y que ya peino algunas canas (aunque siempre me queda el consuelo de que otros ya apenas peinan nada), pero no puedo ni quiero olvidar aquella primera vez que cobije mi amor bajo una capa, y por eso hoy, sentado en este viejo sillón ante el que la vida pasa, he sacado el viejo laúd de su funda deshilachada y he tocado aquellas primera notas, melodía con sentido, que aprendí una lejana tarde de otoño de un día como hoy, en el que realmente, quizás ahora como entonces, no era absolutamente nada.

sábado, 23 de octubre de 2010

Luna de otoño


Tienen estas noches tibias de octubre, aires de primavera, como de cuaresma adelantada, sólo que en vez de traernos la luz de pascua florida, esta espera se romperá con los fríos que irán anunciando los gozos de diciembre, pero mientras esperamos el aroma del primer brasero, el aroma del café de una tarde de domingo entre delicias de convento; bollitos, yemas o tortas de polvorón; nos han llegado como cada octubre los sones de quienes rezan por sevillanas ante la Virgen Chiquita, aires trianeros por el mes del rosario, recuerdos antiguos de San Jacinto nostalgia aprendida que ya empezamos a legar a quienes hoy estrenan por primera vez una cinta verde de la que pende una pequeña medalla...

Y a la vuelta del barrio, tras santiguarnos en la capillita del Carmen en nuestro regreso a Sevilla, con la espera de volver siempre al barrio de nuestra vida, vimos por los ojos del puente como la luna llena de otoño se reflejaba en el río, con el plenilunio de octubre sentimos la brisa fresca que subía desde Sanlúcar y al volver la vista atrás, vimos el barrio iluminado con en el resplandor del recuerdo de tantas cosas que ya se fueron y que sólo la vida sabe si un día volverán.

lunes, 18 de octubre de 2010

Un sueño cumplido


No tenemos noción de la primera vez que entramos en aquel Colegio de la calle San Vicente, pero si tenemos claro que quizás nuestros primeros recuerdos, los más tiernos e inocentes, tienen mucho que ver con aquel Colegio de las Madres Mercedarias de la Asunción.
Pero entre tantas memorias mezcladas con el olor de la plastilina y de los lápices de cera , el baby verde, las meriendas bajo la ojiva escondida, las hojas de la adelfa que servían de cuchillos de piratas en juegos pueriles, la clase de la Madre Mercedes con su eterno acento galleguiño, la seriedad de la Madre Mariluz, el terremoto de la Madre Maria Luisa o la disciplina de la Madre Trinidad siempre endulzada con un caramelo en el momento oportuno, han hecho que a pesar de los años que han transcurrido desde entonces, siempre que volvíamos a pasar por la puerta nos vinieran aquellos recuerdos más tiernos vividos en aquel nuestro Colegio de las Mercedarias.
Por eso, cuando nos enteramos de que la imagen fernandina de la Virgen de la Merced iba a salir a la calle con motivo del cincuentenario del Colegio, de nuestro Colegio, no lo dudamos un instante y buscamos por el soberao el viejo costal y la faja de costalero y nos decidimos a hacer realidad aquel sueño de niño de tardes de mayo con flores a María, de ver en un paso a aquella Virgen tan alta a la que depositábamos aquella nuestra ofrenda de claves 'rosa dulcenombre'.  
Cuando se habla de devociones, no atendemos a polémicas ni a formalismos y como todo en esta vida puede ser mejorable, pero a lo hecho, como dice el refrán, pecho y la frente bien alta.
Por ello sólo nos quedamos con la realidad vivida, sesenta y dos años después de aquella vez que le dio el sol a la imagen fernandina, la misma imagen a la que hace más de treinta años musitábamos nuestras primeras oraciones y que hizo realidad la fantasía de aquel niño de uniforme, pantalón y jersey azul, camisa blanca y corbata escocesa, y que hoy, ya un hombre, padre de familia, cumplió aquel sueño de ser su costalero.
Pero no sólo queda ahí esta historia, nos quedamos  con las sonrisas de nuestras madres, esas que lo vivieron in situ, y aquellas otras que sabemos que lo vivieron desde el cielo junto a su Comendadora, pues sólo allí es donde pueden estar aquellas con las que un día, empezamos a aprender, ese juego maravilloso de la vida.

domingo, 3 de octubre de 2010

Martillos de luto

Para quienes durante años hemos formado parte del cortejo del palio de la Virgen del Mayor Dolor y Traspaso, la madrugada está llena de sonidos propios de esa noche, que mezclados con el silencio respetuoso de quienes ven pasar la cofradía conforman esa otra banda sonora de la Semana Santa sevillana, que no tiene porque ser siempre el del bullicio del gentío o el dulce redoblar de los tambores o la fuerza suave del trío de una marcha en una esquina.
Así a los sonidos íntimos de nuestra madrugada, esos que conforman los golpes secos de las canastillas, el pisar del pie desnudo del nazareno, el crujido silente de las cruces de los penitentes tras su paso, el roce de las bambalinas del palio de cajón con los varales o la voz de la saeta que canta rompiéndose la garganta por una promesa, se une aquella voz  de mando de sus capataces, sobre todo en aquellos lugares donde su buen hacer se demuestra por la veteranía y la destreza de la sabiduría que se traspasa por generaciones, de padres a hijos, de abuelos a nietos sabiéndose imponer, sin una voz de más y sin un mal gesto, al buen discurrir de la cofradía en los momentos más esperados y más dificultosos. Y aunque esa voz magistral hace algunos años que no nos acompañaba, no por ello había dejado de formar parte de nuestros recuerdos.
Siempre hemos escuchado en casa hablar con admiración y respeto de la familia Ariza, y quizás por ese magisterio aprendimos a venerar esas formas, que desgraciadamente no pudimos vivir con ellos bajo los pasos, y que ya hicimos tangente en este Soberao cuando Pepe Ariza anunció su retirada de los martillos.
Por eso hoy, cuando se hace ausencia para siempre la voz de Rafael, decano y maestro de capataces, persona buena donde las haya con quien compartimos más de una vez conversación, y cuando lo lloran en silencio sus gentes de abajo, nos acordamos y de que manera de sus formas en estos últimos años en la Hiniesta, San Esteban, la Soledad y especialmente ante el palio de su Virgen de la O.
Hoy cuando su voz de mando se ha apagado, y los martillos se visten con el luto de los ternos y las corbatas negras de quienes se ponen delante, sabemos que su magisterio no se habrá perdido, pues permanecerá para siempre vivo en las voces de sus hijos, herederos de unas formas y un estilo que se ha transmitido de generación en generación desde el Viejo hasta el último de quienes tienen la estirpe de este apellido que lo es todo en nuestras cofradías.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Un añito en nuestras vidas



Hace un añito que estás con nosotros, para ti toda una vida y para nosotros, la vida misma, esa que ya no tiene sentido sin darte un beso de buenas noches o el que cada mañana se despierta cuando tus ojitos rajados vuelven a abrirse y nos regalas la mejor de tus sonrisas.
Hoy hace un añito, que Coronación de la Macaena forma parte de nuestro repertorio musical de cada día, que no hay manera más triunfal de sumergirte en los sueños, esos que estoy seguro que no conocen las pesadillas que da el día a día.
Hoy hace un añito y desde entonces todo es distinto, tanto que no nos imaginamos un día sin ti, porque igual que somos parte de tu vida,  tú lo eres de las nuestras, un añito, mi vida, desde que te acunamos entre nuestros brazos por primera vez, un añito viviendo al compás de los latidos que marcan tu existencia, un año lleno de emociones en el que te hemos visto crecer día tras día, un añito desde aquel momento maravillos en  que nos regalastes ese don maravilloso que se llama ser tus padres.