viernes, 20 de abril de 2018

Jandilla nos estrella...


Tras acudir a la Feria el miércoles, todo no van a ser toros, ayer tuvimos una plena jornada taurina, por la mañana en la Feria con los premios de Tauromaquia Ciudad de Sevilla a la ciudad de Arles y al periodista José Ribagorda, quien hizo un alegato a favor de la fiesta en los medios de comunicación de la que ya podían tomar nota la propia prensa taurina y con el festejo de Jandilla por la tarde, con el cartel de no hay billetes puesto desde hacía varios días.
El cartel combinaba a los tres matadores que posiblemente más expectación congregan ahora mismo, con Ferrera y sus formas llenas de torería rebuscadas en tauromaquias añejas, volvía El Juli tras la corrida del lunes, y Sevilla -agradecida- sacó a saludar al torero y completaba la terna el principe de la fiesta de nuestros días, Andrés Roca Rey.
La corrida fue un disparate de mansedumbre y nuestras ilusiones se fueron al traste, la tarde apenas tuvo pinceladas como la competencia en quites de Roca Rey y el Juli y la vuelta de este último en su primero tras no concederese la oreja afortunadamente tras un bajonazo precedido del ya esperado "julipié". Y es que si bien la primera oreja la concede el público también hay que educar a éste que con espadazos tan feos no se pueden sacar los pañuelos.
Muy poco para tantas expectativas y en Jandilla se nos estrellaron las ilusiones y no fue la corrida estrella que siempre se espera de ella. .
Cuando las tardes de toros no responden a las probabilidades creadas, ocurre que la desliusión es mayor que otras tardes y así, sólo nuestro Betis, casi en el quite del perdón, nos dió la postrera alegría de la feria con la victoria ante Las Palmas.

miércoles, 18 de abril de 2018

Talavante frente al consentido


En el prólogo de la tarde en el Ventura, la gente seguía hablando del indulto y el comentario general era que nos esperaba una dura tarde de resaca, pero afortunadamente, en esto de la tauromaquia, dos más dos no suman cuatro y sólo los que tienen la moneda en su mano, tienen la posibilidad de cambiarla. Así a Manzanares le salió uno de esos toros con los que sueña todo torero, con una embestida de dulce y con el que el consentido de Sevilla volvió a avivar los rescoldos de amor que mantiene con esta plaza, cortando dos orejas, quizás demasiado generosas, y se ilusionó el personal con una nueva Puerta del Príncipe, pero el palco igual que a veces regala tambien priva, y esta vez nos restó la posibilidad de que el buen toro de Núñez del Cuvillo hubiera rodeado el anillo en el arrastre. El quinto después no ayudó y todo se quedaría en pura desilusión.
Y en esta estábamos, cuando Talavante, quizás espoleado por las tardes anteriores, tiró de arrestos, y nos dejó para siempre los mejores naturales que se han dado esta Feria en el Baratillo, llenos de pureza y de verdad, para después tirarse a matar de verdad, saliendo contusionado del embroque, pero incomprensiblemente el palco tardó muchísimo en conceder la primera oreja, lo que restó la posibilidad de pedir y/o conceder  la segunda que por derecho propio le correspondía alpacense. Quizás algunos seguían cegados por el consentido y no vieron la verdad de Talavante. La tarde la completaba Castella, que una vez más nos dió lo mismo de siempre, y claro, después de ver a Talavante bordar el toreo al natural, lo del francés es como cuando el 6 de enero en el roscón te toca el haba en vez de la sorpresa.

Foto: Arjona - @Firma_Arjona

martes, 17 de abril de 2018

El Juli se inventa un indulto

¿Era de pañuelo naranja el toro Orgullito? ¿Era la faena de El Juli merecedora de tres pañuelos y no de los dos que concedió el Presidente? ¿Cumplió el toro en la suerte de varas? ¿Porqué el Presidente sacó el pañuelo naranja tan rápido antes de dar el primer aviso? ¿Es comparable este indulto con el de Cobradiezmos? Estas y otras cuestiones eran de las que se dicutía en las puertas del Bar Taquilla, del Ventura o del Punto por los habituales cabales de cada tarde, copa en mano, apenas quince minutos después que El Juli hubiera cruzado a hombros la puerta de la gloria de la tauromaquia por quinta vez en su carrera.
El Juli venía vestido de verde esmeralda -o verdemar- y oro, y su actitud toda la tarde dejaba a entrever que venía dispuesto a ganr la pelea, máxime cuando venía acartelado con Ponce y Talavante, la faena de su primero, premiada con dos orejas, fue una más de sus faenas poderosas y técnicas, donde arqueba el cuerpo para vaciar la embestida del animal y mató con su habitual "julipié" y cortó dos orejas, pero sinceramente la de Orgullito, fue la mejor faena de muleta que le recordamos en Sevilla, una faena de menos a más, ante lo que sería el paradigma del toro moderno, con toreo en redondo lleno de empaque y con un toreo al natural tan perfecto que se permitió no llegar ni a rematarlo para salir de la cara del toro de Garcigrande, nobilísimo y encastado... hasta ahí todo perfecto, a falta de la rúbrica con la espada de dos orejas sin contemplaciones y quien sabe si no de rabo, que eso que si que está dificil en Sevilla, 47 años ya del último... Pero la emoción, contagió a la plaza, que pedía el indulto sin contemplaciones, sin recordar siquiera el trámite del caballo, conforme aquello seguía la plaza se convertía en un manicomio, y quizás la Presidencia lejos de poner cordura en un momento de extasis colectivo, fue demasiado veloz sacando el pañuelo naranja. ¿Nos queda la duda de lo que hubiera pasado si el toro hubiera gazapeado en algún muletazo de los que podrían haber venido después ...? La realidad es que el indulto se lo trabajó- por no decir que se lo inventó- El Juli y se le perdonó la vida a un gran toro, noblisimo y encastado. Curriosamente cuando el toro ya se había marchado por los chiqueros, apenas había pañuelos en los tendidos y el Presidente, esta vez con buen tino, concedió de facto las dos orejas simbólicas.
Cuando ya todo había terminado, quince minutos más tarde en los bares, salían las comparaciones siempre odiosas, de los indultos en Sevilla, y siempre salía frente al de Orgullito el nombre de un toro bravo.
Fotografía: Arjona @Firma_Arjona

lunes, 16 de abril de 2018

El síndrome Cobradiezmos


Si antes la expectación cada vez que un toro de Victorino Martín salía por la puerta de chiqueros de la Maestranza ya era importante, podríamos decir, que todo cambió, desde que por esa misma puerta volvió para padrear en Las Tiesas de Santa María un cárdeno de nombre Cobradiezmos que nos es que sea sólo historia de la gandería y de la plaza de Sevilla, sino que es afortundamente historia de la tauromaquia. Esto hace que el público siempre espere un nuevo toro como áquel sobre el albero de Sevilla, y olviden que antes de este toro llegaron otros que también fueron importantes, desde aquellos ya lejanos Bogotano y Bravío del 96 o aquel Veraniego que lidiara El Tato un año más tarde o como olvidar a aquellos Cobreño o Borgoñes, lidiados por El Cid y ya los más recientes en la memoria Disparate, Mecanizado o el toro Platino, del pasado año, ya lidiado por Antonio Ferrera bajo el síndrome de Cobradiezmos. Así las cosas, este año los toros de la A coronada volvieron a traer la atención, si bien su comportamiento fue muy distinto y hasta cierto punto muchos se fueron desilusionados por no encontrar el toro de Victorino que han idealizado. Pero como la tauromaquia no es una ciencia exacta, la corrida de Victorino, que lucía divisa negra por el ganadero de Galapagar, no estuvo excenta de emociones, y así se vivieron momentos que al aficionado le costará olvidar. Y ahí destaca a todas luces Escribano quien por su pundonor dio una vuelta al ruedo de las que de verdad se recordaran por su pundonor ante el quinto, al que al igual que el segundo, lo recibió a portagayola esquivando la cornada por milimetros, pero ya repuesto le enjaretó dos largas cambiadas en terrenos de chiqueros y ya erguido toreó con gusto a la verónica poniendo al respetable en pié mientras sonaba la música. Después estuvo enorme en banderillas y aunque la faena de muleta bajó de nivel por la falta de fuerzas del toro, lo mató de un estoconazo que llego a los tendidos.
Ferrera, al que el público esperaba como agua de mayo, no tuvo su tarde y Daniel Luque toreó de capote como sólo saben los elegidos y mostró una actitud toda la tarde que habrá que valorar conforme pase la temporada, pues sólo quien tiene la moneda es el único que la puede lanzar.
La falta de fuerzas pudo con los cárdenos y en el alma del aficionado pesaba el sindrome Cobradiezmos de lo que pudo ser y no fue...

Foto Empressa Pagés 

sábado, 14 de abril de 2018

Lo que no puede ser...


Atribuyen al genial diestro cordobés, Rafael Guerra 'Guerrita' , aquella cita de "lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible". Y así, imposible para cualquier lucimiento, es lo que salió por el portón de los sustos de la plaza de toros de Sevilla. Una corrida mansa y descastada, donde la suerte de varas fue una pantomima, por no llamarla inexistente, y en donde se estrellaron las ilusiones de un público que venía a disfrutar de la tauromaquia de tres figuras del toreo.
La corrida de Matilla, remendada con un sobrero de Torrestrella que lejos de restar a lo vivido sumó cual si fuera uno más de los venidos de Salamanca, en una tarde en que a pesr del sol reinaba la frialdad.
La tarde dejó detalles, y así es de destacar el buen par de Javier Ambel al primero de Perera y la brega de éste al segundo del extremeño, en el que destacó por su entrega el gran Curro Javier, que pareó de verdad y sin concesiones al astifino que hacía cuarto, tanto que salió prendido del embroque, lo que no fue obvice para que la plaza respondiera con una fortísima ovación mientras rompia a sonar la banda de Tejera. 
Detalles, dejó también Alejandro Talavante, quien en el quinto a base de someter y sobar, dejó los mejores momentos de la tarde en una faena de muleta, esos que quizás pueden justificar el precio de la entrada en una mala tarde, pero que a la postre dejan sabor a poco en el que viene ocasionalmente, y que fue premiada con una oreja barata de la que ya nadie se acuerda.
Roca Rey, quiso y pudo con el manso, primer sobrero de los que lidió, pero al que falló con la espada y con el de Torrestrella apenas pudo hacer nada... La tarde, ya noche tras casi tres horas de festejo estaba imposible en lo taurino y sólo nos la salvó el Betis con su victoria en Gerona.

FOTO. Delgado-Roig  

viernes, 13 de abril de 2018

Chubasqueros de colores



Cuando estas pasadas navidades, la empresa Pagés, felicitó a los abonados adjuntando la lista de ganaderías que se lidiarían en la Feria de Abril, destacó -e incluso para muchos chirrió- el debut de La Palmosilla. Esta sorpresa vendría en aumento cuando al presentarse los carteles, la terna elegida para enfrentarse a los toros de Javier Núñez, era la de Luis Bolivar, Joselito Adame y Rafael Serna, pues muchos esperábamos ver a más sevillanos en ese cartel.
La Palmosilla, debutó en Sevilla y lo hizo tapando bocas, en una tarde complicada de lluvia y frío, de paraguas y chubasqueros de colores en los despoblados tendidos, pero con toros que no nos dejaron indiferentes y donde hasta tres fueron aplaudidos en el arrastre y lo que es peor se fueron con las orejas colgando. De la terna, Bolivar tocaría muy generosamente pelo, tras, -parafraseando a Juan Ramón y la torre de su pueblo-, una faena que recordaba de lejos vista de cerca a las del gran Cesar Rincón en la que la espada cayó baja; una tanda de naturales de gran belleza de Rafa Serna en su primero y los "escasos" ochenta y ocho muletazos que le recetó a su pimero el mayor de los Adame hay poco que contar, quizás el gran par que recetó Antonio Ronquillo al sexto y por supuesto la gran ovación de la tarde, que no fue otra que la que llevó Fernando Sánchez, un hombre de plata, tercero de la cuadrilla de Adame, pero quien más torería desparramó por la plaza y a quien sólo le bastó un par para incluso llegar a poner en pie a parte del respetable, y es que Fernando Sánchez, sin duda alguna, colocó el gran par de los que llevamos de Feria. 

Foto: Glez. Arjona 

jueves, 12 de abril de 2018

El gusto de lo distinto



Volvían los Torrestrella a Sevilla tras el gran triunfo del año pasado y tenían enfrente a una terna de sevillanos necesitados de gloria, con un Javier Jiménez, que año tras año tiene que buscar los contratos a base de estas oportunidades, un Lama de Góngora que tras sus comienzos prometedores, con la gloria de haber cruzado un día la del Príncipe, ha conocido la otra cara de la fiesta, permaneciendo dos años en México y Pablo Aguado que toreaba su primer festejo de luces tras su alternativa por San Miguel. Estas oportunidades a veces, cuando el triunfo es necesidad, traen más veneno que otra cosa, por eso hay que valorar a quien sabe aprovecharlas, y si hay un nombre a destacar de este festejo, este es sin duda el de Pablo Aguado.
Pablo, es distinto, con un marcado sentido del temple, y sobre todo algo que no se aprende y que se llama naturalidad. Es cierto que debe de mejorar con la espada, que de haber acertado en su primero, quien sabe si no estaríamos hablando de un triunfo mayor, porque sin espada no hay paraíso, pero la torería con la que anduvo sobre el albero hace que den ganas de volverlo a ver. En el gusto de lo distinto está la virtud y Pablo Aguado nos gusta porque atesora en sus manos la sensibilidad tan distinta, de la naturalidad conjugada con el toreo eterno.

Fotografia:  Álvaro Pastor Torres /@apastort