viernes, 29 de abril de 2011

¿Dónde quedó la sensibilidad de esta plaza?


La corrida de Victorino estaba siendo un petardo en toda regla, cuando Salvador Cortés se dispuso a brindar el sexto a su hermano Luis Mariscal, quien en la víspera de la Virgen de los Reyes sufrió una de las cornadas más espantosas que recordamos y su sangre, verdad y grandeza de la fiesta, fue un reguero que quedó tiñendo el dorado albero de aquella noche de miedos y quirófanos, en esa otra corrida que fue para el magnífico equipo de la Maestranza las cinco trayectorias que dejó el pitón de aquel Peñajara.
Cuando muchos esperábamos una ovación de esas que marcan épocas en la Maestranza, nos encontramos con la realidad de la falta de sensibilidad de esta plaza, esa que se desvive con ciertos toreros de papel couché que aún no han demostrado el porque de su colocación en el abono, y olvida a toreros como este subalterno de oro que es Luis Mariscal. En fin, un suma y sigue de esta plaza, que no es la primera vez que olvida que por algo era distinta, algo que no nos extraña, porqué cuantos años lleva ya olvidando a quienes derramaron su vida sobre su albero por estas fechas.
Hasta ese momento nadie daba un duro por aquel sexto toro de la infumable corrida de Victorino Martín y es que esta vez los toros no estaban siendo aquello que esperábamos, ni tan siquiera las alimañas que impiden la lidia; Salvador Cortés vió la bondad del toro por el pitón izquierdo y sobre él creó una faena de naturales de bellísima factura. Tras un pinchazo mató de una estocada que hizo que el público se enfriara y todo quedara en, la cada vez más eludida -por esta vez no- vuelta al ruedo, las cosas de esta plaza que seguro que a otros les permitirá pinchar y aún así les dará trofeos...
Quien sí recetó estocadas fue Padilla a sus oponentes, el de Jerez hizo un toreo de capote exquisito al cuarto, que seguro firmaría más de un torero catalogado de artista, de igual manera El Cid recetó sendas estocadas, lástima que a ambos todo lo que hicieron ante sus oponentes no sirviera para nada.

Fotografía: Álvaro Pastor Torres.

jueves, 28 de abril de 2011

¿Dónde estará aquel misterio de Rafael?

 
No se que nos aburrió más, si lo que mandaron los Lozano al Arenal o lo que intentaron los matadores en el Baratillo, la vida te da sorpresas pero hay días que ni siquiera la frescura de Oliva Soto parece tenerlas guardadas en el bolsillo del precioso terno sangre de toro y oro de estreno para llenarnos de un espejismo de torería.
En fin, corrida calcada de las anteriores, pareciera que hay Alcurrucenes de primera para las figuras y de segunda para los demás y aquí nos han traido el saldo de otros tiempos. 
De los toreros poco, muy poco que contar, a Oliva Soto se le ha ido una nueva oportunidad, quizás ante el mejor toro del encierro, al que le dio algunos retazos de su mejor toreo, pero que cuando le cogió de verdad el son, al de Alcurrucen bien pareciera que ya se había aburrido de mostrarle sus cualidades. A pesar de matar a la segunda recibió una ovación, lo que sumado a  la comparecencia anterior hacen un saldo muy pobre para quien sabe torear como sólo él sabe hacerlo. 
En sus manos está hacer buena aquella cita de Rafael el Gallo de que torear es tener un misterio que decir y decirlo, pero a pesar de su juventud la vida pasa y todo puede quedar en el recuerdo de aquello que fue flor de un día.
De los dos de Albacete, Tendero y Pinar, tras jartarse de pegar mantazos, nos demostraron que si tienen algún misterio que decir todavía no han aprendido como decirlo. En fin, no creo que nadie esperara mucho más de ambos ni tampoco, nobleza obliga, de los toros de los Lozano.
Eso sí, la corrida dio, verdad mi Teniente, para jartarse de comer todo tipo de "piensos" varios...

Fotografía: Paco Díaz / http://www.toroimagen.com/

Siete Dolores (Aguirre) sin compasión

Cuando en el ya lejanos mes de octubre la empresa Pagés anunció que como novedad ganadera vendría a Sevilla la ganadería de Dolores Aguirre muchos echamos las campanas al vuelo porque vendrían a lidiarse al Arenal unos toros que siempre nos han gustado, y porque casi nunca nos han dejado indiferentes cuando salieron de chiqueros.
Pero nada de esto nos encontramos en el que quizás sea desgraciadamente la presentación y despedida de los toros constantineros, siete toros, siete, los titulares y un sobrero, que no estuvieron a la altura esperada y que no fueron precisamente el dechado de bravura y de toros encastados que esperábamos. Toros mansos que desarrollaron peligro -sin necesidad de sonotone-, que buscaban al torero sin atender a los engaños.Y ante este panorama, sólo podemos destacar a Antonio Barrera, en su única comparecencia en el abono y que dio la cara ante el lote más complicado, mostrando una vez más su vergüenza torera, que fue premiada con la ovación más fuerte de toda la tarde. Salvador Cortés pasó inedito, pues ante un lote imposible ni siquiera pudo matar al quinto que se echó durante la faena de muleta y Sergio Aguilar se quedó completamente inédito.

miércoles, 27 de abril de 2011

La cruz de Oliva Soto

La historia del toreo está llena de coletudos que toreaban como los mismos ángeles, pero que cuando llegaba la hora de la verdad y rubricar con la espada el triunfo de cante grande que se tocaba con la yema de los dedos, se encontraban con la cruz del pinchazo y todo aquello terminaba muy por debajo de lo que se presuponía y la desilusión no sólo se quedaba entre barreras sino que traspasaba a los tendidos.
Así nos hemos sentido una vez más con Alfonso Oliva Soto, torerito de Camas, que atesora en sus muñecas todo la gracia pero que cuando llega la hora de rematar una faena de triunfo grande, pierde los trofeos con la espada, y no es la primera vez, pues el año pasado perdió por culpa de los aceros una Puerta del Principe y en la segunda del abono ha perdido al menos la posibilidad de tocar pelo, tras volver a la plaza medio loca con ese toreo que él sólo atesora y que nos puede hacer intentar dibujar un cambio de manos al aire mientras tomamos una cerveza en Ventura.
Claro que si el año pasado el de Camas perdió la gloria de salir a hombros por el Paseo Colón, era porque tenía enfrente a un toro del Conde de la Maza que poco o nada se parece al mazazo descastado que saltó al sagrado albero del Arenal, aunque quizás, el gitanito tuvo la suerte de que le tocara lo menos malo de lo que vino de Arenales.

Fotografía: Paco Díaz / http://www.toroimagen.com/

martes, 26 de abril de 2011

Dos verónicas bajo el diluvio

Si el cielo de Sevilla no había llorado bastante en los días grandes de la Semana Mayor , aún nos tenía guardado un regalito para el Domingo de Resurrección, igual que el de esos mansos encastados que cuando más confiado tienen al torero que conoce de su peligro, van y zas derrote certero, que si lo cogen por delante se lo llevan camino de la enfermeria, así el cielo que nos tenía confiados, nos pegó ese derrote certero y pilló a media plaza, sin paraguas, sin chubasqueros y sin posibilidad de salir corriendo, por lo que algún que otro terno, y no precisamente de torero, terminó el lunes camino de la tintorería, si no camino de otro sitio. Así acabó aquella muchacha tan entallada que se sentaba delante nuestra y que no sabemos si llegó a calar el agua del diluvio más allá de las prendas que tenía empapadas a primera vista.
Y así en medio de una tregua de aquel diluvio, emergió la verónica, distinta, bellísima, mecidas con desmayo en el trazo que supusieron un estruendo, como un rayo que no cesaba, frente al rugido del cielo en la tarde tormentosa, porque Morante con sólo dos verónicas y una media hizo que nos olvidaramos de los trajes empapados, sacando el sol de su capote para llenarnos de todo un compendio de tauromaqia, para dejar la firma sobre el albero de así se torea a la verónica.
Después El Juli en una faena inteligente terminó cortando dos orejas de las que posiblemente ya no se acuerda nadie, y que en otros tiempos no hubieran pasado de una vuelta al ruedo, pero claro eso no lo contaran los revisteros, que tienen que vender portadas en las revistas que leemos sólo cuatro gatos.

Fotografía: Paco Díaz / http://www.toroimagen.com/

lunes, 25 de abril de 2011

El estilo Bofetá


Para hablar del estilo Bofetá, está muy claro que no se puede hablar por oidas, ni tan siquiera por lo que ocurre durante una salida en la que sí, posiblemente nos equivocamos, pero de la que tengo muy claro, que otros en la misma situación hubieran hecho tres cuartos de lo mismo.
Para hablar del estilo Bofetá, hay que saber emocionarse cuando se mira a los ojos de la Morena de San Lorenzo y no quedarse de piedra, porque se mira con otros ojos que no son los de la cara. Para hablar del estilo Bofetá hay que saber mirar por los barrotes de la capilla de la familia Perogullano, y no quedarse en lo que se atisba y no se ve.
Quizás porque no son buenos momentos para la hermandad es fácil como dice el refrán buscarle pulgas al perro viejo y buscar el muñeco para darle fuerte porque se creen muchos que ni sentimos ni padecemos. Pero quien escribe despectivamente del estilo Bofetá se equivoca, y lo hace porque no nos conoce. Y es que el estilo Bofetá es otra cosa que va mucho más allá de aquellas salidas triunfales de 2003 y 1974, esta última la que me contaba mi tio tantas veces en forma de cuento bofetero que se hace realidad.
El estilo Bofetá va mucho más allá de San Lorenzo y está en lugares insospechados adonde ha llegado la bendita mirada de la Virgen del Dulce Nombre  y ante la que se reunen a rezar cada mañana los médicos de un Hospital de Malawi.
El estilo Bofetá va mucho más allá, cuando niños de lugares lejanos pueden tener bolígrafos y lápices en una escuela a la que llegan andando tras horas de caminata, ese es el estilo Bofetá, ese que a lo mejor se hace sin que ni siquiera el grueso de la hermandad lo sepa, porque el ser de la Bofetá está mucho más allá de quien ostenta una vara dorada o de quien ha designado Palacio para regir los destinos de la corporación.
El estilo de la Bofetá, está en esos niños que se duermen tantas noches del año cuando sus padres le cuentan un cuento de su cofradía, en la sonrisa de esos adultos cuando recuerdan aquella niñez de colegios y aquellos nazarenos de papel charol, sin capa y una cruz trinitaria que incluso podría estar invertida y en la memoria de nuestros mayores de quienes aprendimos a ser y sentirnos de nuestra Hermandad, que cofradía es sólo un día y Hermandad todo el año.
El estilo Bofetero está perenne en el recuerdo de aquellos que un día nos precedieron, y que no dudaron en hipotecar sus vidas para que su hermandad fuera un referente de muchas cosas, ya fuera reunidos en la Orden Tercera de San Antonio al calor de una mesa y una bombilla cono nos han contado siempre, en el Casinillo de la Capilla de San Lorenzo o sentados en los bancos azules de la calle Alcoy y que nos enseñaron esa divisa que es referente de tantas cosas: Ante todo la Hermandad.
El estilo Bofetero es mucho más que un paso que sale y se vuelve porque llueve, algo que han hecho todas las cofradías en su historia, y el que esté libre de pecado que tire su primera piedra o que cierre los ojos para no ver y recordar a sus cofradías intocables por la calle Sierpes bajo una manta de agua y encima se ponían la medalla de valientes, el estilo bofetero estaba en esos niños que volvían a la Parroquia empapadas sus blancas túnicas, sin descomponer la cofradía, pero con la ilusión intacta aunque rodaran por sus ojos lágrimas de desconsuelo.
El estilo bofetero, ese del que algunos hablan desde el desconocimiento, estaba en intentar consolar ese desconsuelo, del que no hablan los periódicos, ni falta que nos hace, porque el estilo Bofetá es otra cosa y no pueden saberlo quienes sólo buscan pinchar y pinchar para destrozar ilusiones.
El estilo Bofetá es otra cosa y no permito que lo tomen a guasa, gente que presume de cofrades y que cada día dejan más claro con sus hechos que desconocen el sentido real de esta palabra.

lunes, 11 de abril de 2011

Inocencia



Que ya has llegado, no me lo han dicho ni los machos de cartón en la calle herbolarios, ni el aroma del incienso en las esquinas, ni tan siquiera el azahar que cuaja los naranjos , ni el dulce trino de los vencejos cada atardecer en los árboles grandes de la plaza más bonita del universo. 
Que ya estás aquí, no lo dicen ni los balcones desnudos que esperan vestirse de palmas de hosannas ni los pasos que ya esperan en las iglesias, ni el aroma de los espartos que ya perfuma esa habitación que ya aguarda las túnicas colgadas... 
Nada de eso, que ya has llegado me lo ha dicho la inocencia de los niños que hoy ya corren por la rampla, igual que tú ayer, igual que será mañana, caras de ilusión que se refleja en el cristal del escaparate de La Campana con nazarenos bomboneras a los que cada años hay que sacarle el dobladillo de la memoria que te trae de nuevo a la infancia, patrimonio que estos días  vuelve a renacer en ti y que no entiende de polémicas a pocos días de la jornada más esperada.
Que ya has llegado me lo ha dicho María, cuando con su sonrisa inocente correteaba sobre las maderas del Salvador, estrenando sin saberlo el patrimonio cándido de la vida que estos días nos aguarda, esa que vuelve a salir del viejo arca de la memoria y que te trae de nuevo a ese niño que correteaba sobre la rampla.

viernes, 1 de abril de 2011

La fidelidad no entiende de medallas


Desde hace algunos años las hermandades han tomado la costumbre de premiar la fidelidad de aquellos que celebran cifras redondas de pertenencia a una nómina de hermanos por medio de presentes, ya sean por medio de cuadros, medallas o pergaminos que vienen a reconocer la vinculación de sus hermanos con su cofradía.
Hay veces que estas medallas las reciben hermanos que han pisado poco, muy poco la hermandad, y casos donde este reconocimiento se queda corto, porque estuvieron siempre, sin importarle quienes estuvieran rigiendo los destinos de la misma, porque siempre acudieron a ella sin importarles más allá que sus propias devociones y haciendo bueno esa divisa de Ante todo la Hermandad.
Cincuenta años, pueden ser muchos en una vida o pocos, muy pocos, en corporaciones que arrastran siglos a sus espaldas, pero la lealtad a unas formas, a un saber estar y a una devoción está muy por encima de tantas políticas vitales que nos llevan incluso, consciente o inconscientemente, a poder dinamitar lo que más queremos.
Por, todo ello, porque la fidelidad no entiende de medallas, felicitamos desde aquí a Rafael, y a Manolo por esos cincuenta años, que para nosotros son toda una vida, porque nuestra hermandad, al menos para mi, no tendría sentido si ellos, como otros muchos, no estuvieran para enseñarnos esas formas y ese saber estar que ellos aprendieron de aquellos cofrades de antaño a los que nunca les dieron un premio a la fidelidad, porque no hay mayor agasajo que la de ser y sentirse querido en su propia casa.
(Fotografía: José Ramón Ríos - El Niño Frito)

lunes, 14 de marzo de 2011

Salud del Soberano



Parece que la lluvia, el mayor enemigo de las cofradías, nos dejará sin contemplar al Soberano camino de la Catedral en esta tarde de marzo.
Había despertado en nosotros muchas ilusiones este Vía Crucis tan cargado de nostalgia, tan nuestro, porque de San Gonzalo son aquellos recuerdos de la ilusión de una cofradía humilde que siempre creció con nosotros, nazarenos a los que les crecían aquellas túnicas de largos dobladillos, porque de esa Triana nueva, que es también nuestra Triana, es esta cofradía a la que pertenecen  tantos amigos que acompañan a su Señor, con el cirio rojo en el cuadril o bajo su paso con el izquierdo por delante, pero no podemos olvidar a tantos y tantos, aquellos siempre clásicos de San Gonzalo, que son de su Virgen de la Salud, esa que cuando camina por San Jacinto con la luz de la tarde, hace que florezcan a su paso los recuerdos de tantas cosas que ya se fueron.
Hoy, a pesar de la lluvia, echaremos en falta a quien era tanto de aquella Virgen de la Salud, aquella que llegaba desde su casa con la luz de la tarde a la Fundación Carrere, la de la cofradía sobre las vías de aquel viejo tranvía pasada la Torrecilla y frente a la fábrica de aceite, la que presidía aquella habitación sobre el cabecero de la cama, aquella Salud de San Gonzalo, que hoy es la Salud del Soberano, en la que se depositaban las oraciones tras quizás un café de tarde y tertulia de confidencias en Lola en Álvar Nuñez.
Hoy su recuerdo permanece en la oración ante aquella Virgen de la Salud, la de aquella foto, la de Lafarque que siempre nos acompaña, y que tantos secretos guarda.

(Fotografía: Eugenio Borrego)

viernes, 4 de marzo de 2011

Besos de Marzo

Vienen desnudos los besos de piedad de la tarde marzo, besos aprendidos de la mano, de generación en generación, con el secreto dilema de lo que se hace quizás porque se quiere o porque quizás no tendría sentido esta tarde casi de primavera si no volvieras a cruzar la ciudad, para dejar la sencilla ofrenda de una oración musitada que al igual que aquellos besos aprendiste, una sencilla tarde, de un mismo día como el de hoy, del primer Viernes de Marzo.
Soledad cautiva que te hace llegar ante ese cordón y esas manos que tanto nos unen, maniatadas cruces trinitarias de un rescate que parece que nunca llega, San Ildefonso, el Tiro de Línea o San Lorenzo, besos de marzo que intentan ante ser desagravio de lo que pronto, muy pronto será, una afrenta ante Anás entre el humo del pebetero, como aquella cada vez más lejana primera vez, de la que no alcanzas a recordar ni tan siquiera como era, aquella primera luz, de aquella lejana vira de oro.
Cinco Cruces, que como cinco aceros ardientes marcan amistades que permanecen, besos de marzo al Nazareno Dulce, cruz de carey, lirios, cera morada, igual que ayer, igual que hoy, igual que siempre…
Y a los pies del Poder y el Imperio, como no queriendo hacerse notar, Ella, Doncella sublime, dulcemente Traspasada, mayor delicadeza no cabe, hasta para no querer molestar, hasta para no hacerse notar y con ello distraer oraciones, con la sencillez propia de quien sabe que en Ella recae toda la historia pero no por ello tiene ni quiere  hacerlo patente, casi sin mostrar su obediente mano extendida para depositar en ella los primeros besos de esta tarde de marzo. 
Los primeros besos que ayer dieron por ti, los que hoy tú das por quienes ya están aquí y que quizás el día de mañana, igual que hoy, Primer Viernes de Marzo, darán por aquella memoria de quienes les enseñaron a rezar, tras ellos, la primera oración de una nueva primavera.  

lunes, 28 de febrero de 2011

Pepín Martín Vázquez, el eslabón perdido



En este día de medallas e hijos predilectos de Andalucía, entre los que logicamente no se encontraba, se nos ha ido para siempre Pepín Martín Vázquez, ese torero quizás poco reconocido por el gran público al que sólo vimos torear - quizás algunas miles de veces menos que su actual espejo nuestro admirado Morante de la Puebla- en aquella película de Luis Lucia que estaba inspirada en la novela de Alejandro Pérez Lugín, Currito de la Cruz.
Pero de tanto ver la película y de tanto como nos contaron cuando eramos niños de como toreaba, hoy seríamos capaces de cerrar los ojos y verlo incluso hacer un paseillo en la Maestranza, porque se nos ha ido para siempre aquel torero de nuestras tardes infantiles, de merienda y video Beta, aquel torero olvidado por el paso del tiempo, que volvía a sonar cuando algún torero de Sevilla lo nombraba como autentico maestro en el más bello reconocimiento íntimo, que no entiende ni comprende de las concesiones de las medallas a las Bellas Artes en la Tauromaquia.
Hoy hemos perdido para siempre a aquel torero literario que en la gran pantalla escondía a este torero puntal de la escuela sevillana, quizás aquel eslabón perdido como alguien lo llamara entre Pepe Luis y Curro al que frenó aquel cornalón de Valdepeñas, este mismo torero, que revestía a ese hombre sincero, que tuvo la gallardía de irse a su casa, aquel día en que perdió la afición al no sentir nada al mirar el traje de luces y no emocionarse al ponerse la taleguilla.
Hoy,  perdido el hombre pero nunca nuestro mito, el torero volverá a resucitar -sin la necesidad de que la televisión de todos tenga que ir contra su libro de estilo y reponga Currito de la Cruz- cuando en nuestro DVD volvamos a ver en todo su explendor la gracia toreadora del diestro de La Resolana en aquella tarde ya lejana de la Beneficencia en Madrid ante toros de Bohórquez.

viernes, 25 de febrero de 2011

Azahar lunero


Ya está aquí la luz nueva por la que suspira la vida, el tiempo sin tiempo de la luz primera, ilusión de unos ojos ciegos que aguardan por primera vez llenarse del dorado luminoso de las tardes de marzo, visiones de un cielo añil que se refleja en el espejo de raso de un sueño de Domingo de Ramos.
Ya empiezan a jerminar por los naranjos preñados, los nuevos brotes que ya anuncian tu llegada, sol naciente, y amor creciente que se gesta en un sueño enamorado.
La vida se alarga como se alargan las tardes en la luz que se refleja en el brillo de las veletas, en el remate vidriado de las azoteas o el de esa otra luz entre la arquitectura efímera, allí donde las llamas centelleantes de una candelería guardan imperecedero, el recuerdo de quienes nos precedieron y de aquellos, -ay la vida- de quienes nunca les permitieron ver la luz de tus mañanas.
No has llegado, pero ya te sentimos, botón blanco en la oscuridad frondosa del verde espinoso, lucero perdido en el terciopelo nocturno del universo silente, llamarada de incienso aún sin el aroma que nos embriaga, azahar lunero, germen primero, que ya anuncia tu llegada.
Ya estás aquí, tiempo de nuestro tiempo, delicada caricia de la vez primera, mano a la que aferrarse para sentir y ver, para soñar y declinar, llanto que se enjuaga en un pañuelo de esperanza, dulce bandera al viento en que se ondea el legado, allí donde igual que se enseña se aprende la vida, luna llena, vida nueva, aroma entre el que atraviesa esa vira de oro que ya renace entre las ramas y que te recuerda -siempre- cuan importante es saber quienes somos sin renunciar nunca al lugar del que un día vinimos.

domingo, 20 de febrero de 2011

Triste noche en la Gavidia

Hay calles que bien parecieran hechas para el tránsito de cofradías, lugares que se convierten en algo más que un lugar marcado en los programas cuando pasa tal o cual hermandad, calles que una vez al año parecen recuperar el esplendor de antaño, espejismo de lo que fueron un día, sabor de barrio que se recupera al paso de su cofradía, calles que hoy cruzas llevando de la mano a tus hijos, igual que ayer las cruzabas de la mano de tu padre o de tu abuelo, son esas calles que sin tú saberlo forman la geografía única de la Semana Santa de cada sevillano.
Pero hay algunas calles que son para ti, completamente distintas, son esas que has cruzado año tras año con tu cofradía, esas en las que distes tus primeros pasos vestido de naveta y asido a la vara de tu padre nazareno, calles que han pisado tus pies desnudos cuando acompañabas al Señor de tus devociones o donde has disfrutado como costalero al sonar esa marcha que es mucho más que la banda sonora de nuestras vidas. Son esas que tu Hermandad cruza desde mucho antes de que tú llegaras a este mundo, lugares que aguardan a la Cofradía, ya fuera a la vuelta o a la ida desde hace casi sesenta años (*), calles que guardan secretas historias que se repiten año tras año, Cardenal Spínola, la plaza de la Gavidia o la calle de las Cortes que ahora guardan tantas historias y que hoy se ven sustituidas caprichosamente por otras para conmemorar la efemérides menor en el tiempo de un patronazgo lleno de ausencias que -a la vista  ha estado- importa poco a la otra parte; de una Hermandad que pronto, muy pronto, será centenaria, y que aunque hoy no pase por sus mejores momentos no puede ni debe darle la espalda a su propia historia, esa que dicta de donde vienes,  porque parafraseando a Séneca, sólo el pasado es cierto por que el presente es brevisimo y el futuro incierto.
Por eso este Martes Santo, cuando la Cruz de Guía de La Bofetá tome dirección hacia Conde de Barajas se estará consumando uno de los mayores despropósitos de su historia pues no hay mayor desatino que no ser fiel a si mismo, y así llenará de tristeza a esas calles que tan bién contribuyeron, para que el sello de nuestra cofradía en la calle, a pesar de tantas cosas, también tuviera ese sabor inconfundible de toda la vida. Era tan sencillo, como haber recuperado la vuelta antigua por las Cortes y ya que se modificaba a la ida, haber incluido estas calles en la vuelta.
Algunos bien podían leer aquel artículo de Juan Delgado Alba en que hablaba de la Alta noche en la Gavidia o de las magníficas crónicas de nuestra vuelta por Cardenal Spínola, lástima que nada de esto podamos vivir este año en que el Martes Santo será una noche triste al pie del zapatón de bronce de Daoiz en la Gavidia en donde este año no chorreará la cera de los nazarenos albos de San Lorenzo.
Estamos seguros que algunos, los de siempre, aquellos que no ven mucho más allá  de la hoja de cálculo y desconocen nuestras señas de identidad, veran en mis palabras un nuevo contrasentido, nada más lejos de la realidad, aquí siempre estamos con la mano tendida dispuestos a echar una mano, pero en estos tiempos- y más los que vive nuestra corporación- hay que pensarse mucho las cosas antes de dar un paso en falso. por un capricho personal. Eso sí, por si alguno tiene alguna duda, que no dude, de que estaremos, si Dios quiere, como siempre sacando nuestro cirio del Señor ante Anás.
Y esto no lo digo por llevar la contraria a nadie, sino porque como dijo el ya nombrado Lucio Anneo Séneca:
Nemo patriam quia magna est amat, sed quia sua. (Ninguno ama a su patria porque es grande, sino porque es suya).

(*) La Hermandad de Jesús ante Anás viene transitando la Gavidia y Cardenal Spínola desde al menos 1954 cuando residia en la Iglesia de San Antonio de Padua. En aquellos años y hasta 1973, ya en San Lorenzo, interrumpidamente lo hizo a la vuelta, cosa que repetiría en 1977. Desde 1975 y hasta nuestros días lo hizo a la ida, con la excepción de 1980 (por obras) y 2003 en que cambió el recorrido el propio Martes Santo por cuestiones de la lluvia.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Unas manos unidas por un cordón


Hay nazarenos de Sevilla, que no lo son sólo el día que sale su cofradía, sino que incluso en la forma de ponerse un abrigo o andar por la calle reflejan sus formas, de tal manera que incluso cuando los ves revestidos con el hábito de su cofradía llegas a reconocerlos, pues no pueden negar que en su vida diaria son fiel reflejo de su cofradía en la calle.
Así hay nazarenos de ruán que al verlos pasar desprenden a su paso toda la elegancia mayestática de su cofradía silente y otros, que son capaces con un solo gesto de traerte el recuerdo de la elegancia popular de sus cofradías de capa, esas que engloban a todo un barrio, con la misma desenvoltura con la que lo harían   durante tantas horas bajo el anónimato del antifaz.
De esos nazarenos de cada día, siempre tenemos el recuerdo lejano de aquel profesor que cada mañana de nuestra niñez en aquellos Buenos Días tan propios de los hijos de Don Bosco, paseaba entre las filas de su clase con la elegancia de un nazareno del Lunes Santo, alguien que cada día lucía orgulloso el escudo de su hermandad en lasolapa, en aquellos tiempos en los que hasta en un colegio como el nuestro, los cofrades eran tachados de bichos raros si hablaban de cofradías fuera de la cuaresma.
Fue precisamente él, durante un recreo de esos que tenían el gusto inolvidable de una grande con sobrasada de Juan,  quien un día nos contó entre otras anécdotas del Amanecer de una Cofradía la  hermosa historia de un cordón prestado que ataban las manos de su Cautivo y que curiosamente lo unían para siempre con aquella devoción que eran puntal para tanta gente - ni que decir tiene que más de cuatro-, pues aquel era el cíngulo que un día llegó de San Lorenzo para unir las manos del Cautivo de Santa Genoveva. Aquel mismo cordón que años más tarde volvería a unir esas manos para reafirmar la unión de tantas cosas.
Por aquel entonces no llegabamos a comprender cuanto ese cordón y esas manos iban a unir tantas cosas de nuestra vida, y es que en ese cordón y en esas manos cautivas están unidas mucho más allá que las devociones de un barrio o de una ciudad.
Unidas por esos lazos se fortalecieron amistades, esas que se mantiene contra viento y marea mucho más allá del tiempo y de la distancia, amistades que se fraguaron lejos de aquel hoy ya viejo y casi extinto nuevo arrabal y de aquellas manos a las que los Lunes Santo seguía el barrio entero, pero que a pesar de la distancia estaban tan presente en aquellos recreos de los días de cuaresma en nuestro colegio trianero, con aquellas preguntas tan pueriles, si se quiere, de aquellos concursos de Semana Santa con los que tanto disfrutaba no solo el viejo profesor sino los imberbes alumnos.
Yo se que ahora, esas manos del Tiro de Linea están unidas por el cíngulo hermano del que Todo lo Puede, y así hoy, hay que buscar en ese nudo el consuelo y la misericordia de los duros momentos de la vida para  buscar en la mirada paciente del Cautivo la explicación para tantas cosas que duelen y de que manera, cuando se reabren esas heridas del alma que el tiempo apenas había empezado a cicatrizar.
Ya se sabe que la vida siempre marca sus pautas, como el redoble eterno de la caja en la marcha Amarguras, pero siempre nos queda, verdad Pablo, esa unión de un nudo, que en las manos de nuestro Cautivo estan llenas del Gran Poder de nuestra Esperanza.

viernes, 4 de febrero de 2011

Los cuatro del Gran Poder

 
Confieso que no tengo memoria para recordar la primera vez que entré en su Templo, hoy Basílica, quizás por que la primera vez que entré en su Casa lo hice en los brazos de mis padres cuando apenas contaba algunos días de vida, quizás mis padres fueran dos de esos cuatro a los que el (im)pertinente entrevistado, Pedro G. Romero, se refería en su entrevista del Diario de Sevilla de hace algunas fechas cuando comentaba: Cuando yo llegue a Sevilla, [ ...] Al Gran Poder iban a verlo cuatro.
Quizás este artista, tampoco se refiera a aquellos devotos del Señor a los que conocimos vistiendo su hábito, camisa morada y cordón amarillo al cuello, y que entre los muchos que tratamos por su importancia en nuestra vida -muchos más del número de cuatro-, destacaremos a dos Manolos, a Carmona y a 'El Quemao', con lo que ya entonces tenemos a otros dos, y como la suma no engaña dos y dos son cuatro...
Más de cuatro había, en aquel fogonazo que a manera de recuerdo borroso viene a nuestra memoria de aquel día en que por Condes de Barajas venía su túnica morada confundiéndose con la luz de la tarde en el que quizás es nuestro primer recuerdo especial del Señor en nuestra vida, o aquel otro recuerdo imborrable de cuando apenas un adolescente de la mano de nuestro padre metimos apenas el hombro en su parihuela cuando el Vía Crucis del 86, en el que le puedo asegurar al señor G. Romero no eran precisamente cuatro los que rodeaban su paso.
Como nunca conocimos sólo a cuatro llegando cualquier viernes a San Lorenzo para depositar un beso en su talón y musitar una oración...
Creo que es muy fácil caer en la provocación y hablar de cuatro, cuando se habla del Señor, ese que se sucede en los azulejos de las casas de Nervión, Heliópolis, Ciudad Jardín o del Porvenir, ese que acompaña la cabecera de los enfermos de los hospitales, ya sean los de Fátima o Macarena o las cunitas de los recien nacidos en el Sagrado Corazón o Virgen del Rocío, a ese al que le cantaba aquella saeta de Vallejo en los años republicanos que no recibió el Señor el calor de las oraciones en la Madrugada...es de muchos más, tantos que posiblemente, pasan los años y los siglos y siempre está, multiplicando cuarenta veces por cuatro los que son, igual que ayer y como lo serán mañana, de su Gran Poder, esos que formaran parte de la nómina de cofradía o de la más extensa nómina de sus devotos, esa que no entiende ni de ideologías ni de políticas , y por supuesto, mucho menos de vanguardias.

Puntilla a la Feria Mundial del Toro


En estos tiempos en que la fiesta necesita de revulsivos, se demuestra que una vez más son los propios taurinos, los que realmente viven de ella, los que se encargan de darle la puntilla.
La Feria Mundial del Toro, ha sido todos estos años una cenicienta de FIBES, que ya desde su primera edición, se comprobó que no cumplía las expectativas, pues aquello no tenía el público que arrastraba el SICAB, al que siempre, por mucho que lo nieguen, se pretendió emular y así anualmente los contenidos fueron menguando para un año terminar dándole el cerrojazo con la excusa de una convención de la OTAN y ver que la decadencia aconsejaba convertirla en una feria bianual, que ha sido a la postre su gran perdición.
Pero todo lo anterior son excusas, porque lo que realmente fallaba allí era el apoyo de quienes de verdad son la fiesta, aquellos que lejos de abrir la Feria Mundial del Toro se encerraban en ella para convertirla en su propia feria de las vanidades.
Son ellos, precisamente quienes viven de la fiesta y del toro, quienes no han sabido o a lo peor no han querido rascarse los bolsillos y que aunque ahora se esconden tras el burladero de la falta de apoyo de las instituciones, - dicen que han faltado sólo 300.000 € del millón que costaba el evento – quienes realmente le han dado la puntilla a esta Feria, cuyo fin no era otro que fomentar el mundo del toro.
Es muy triste que en estos tiempos en que hay que dar la cara y sacar pecho por la fiesta sean los propios taurinos quienes le den la puntilla al toro del fomento de la afición, al fin y al cabo,  son esos mismos que cuando llegan las ferias empiezan a darnos la puntilla a los aficionados, cuando nos currán con los precios de los abonos y las entradas que huyen de fomentar la afición y donde se ofrecen unos festejos, en los que cada día se fomenta, eso sí, el dar gato… por toro.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Nuestros años irreparables



Las casualidades de la vida, nos han traído de nuevo a la calle Condes de Bustillo, justo a esa misma hora en que la sirena del Patio de Básica -desconozco como lo llamaran ahora, pero para mi generación siempre se llamará así- marcaba la segunda llamada y nos venía a la memoria los recuerdos de aquellas mañanas, frías como las de este invierno, en que formados en el patio recibiamos aquellos Buenos Días cargados de enseñanza que nos preparaban para cada jornada y que siempre culminaban con aquella jaculatoria dedicada a la que siempre fue el Auxilio de nuestras vidas.
Volvían a nuestra memoria tantos recuerdos, tantos compañeros, tantos profesores, que tenían en aquel mismo lugar el eje por el que giraba nuestra existrencia, pues nuestro colegio no era sólo el lugar donde nos formábamos, sino también el lugar donde se fraguaba nuestra vida entre juegos y no sólo de lunes a viernes, pues cada sábado, y casi a la misma hora que entre semana, también nos acercábamos a él para participar de aquel Oratorio Festivo que eran fundamental para nosotros en aquellos años y que hacían buena aquella frase de Manolo 'el Quemao', cuando algunas tardes nos despedía hasta el día siguiente con  un : -Sólo os faltaría traeros la cama...
Todos aquellos recuerdos de nuestros años irreparables nos acompañaban mientras recorríamos la calle Condes de Bustillo camino de San Jacinto, como en aquellos tiempos, dos veces cada día,para acá y dos más para allá, en aquellos por entonces nuestros días triunfales.
La vida pasa, y hoy contemplamos desde la distancia aquellos tiempos, y parece que estamos saboreando la sobrasada de una grande de Juan en aquel ambigú del campo de fútbol, mientras que se acerca el Miércoles de Ceniza y alguien te cuenta que este año saldrá por primera vez en su cofradía, porque que el otro día, en un día de Quinario juró las reglas y tú sabes que este año estrenaras capirote que atrás quedó para siempre la esclavina azul de los navetas, ya pronto nos podrán le ceniza en la iglesia dando el pistoletazo de salida del tiempo que eternamente, igual que hoy, ayer, esperas...
Ya estás a la altura del teatro y echas de menos las bouganvillas, las hiedras y las enredaderas que cubrían la verja del colegio, y ves entreabierta la puerta que da acceso al patio redondo, y a lo lejos ves los azulejos trianeros que visten sus paredes, llenos de citas que más de una vez han sido referente en tu vida. y recuerdas que hace 75 años que se inauguró el colegio, tú que vivistes el cincuentenario de la casa, hace justo venticinco, y entras en la Iglesia y allí te espera Ella, esa que tanto sabe de tus cosas, y que entre tantas devociones va presente en tu cartera, y le das como siempre las gracias por volver a aquel lugar,-Da mihi Animas Caetera Tolle- donde hicieron buena la divisa de los hijos de Don Bosco de formar buenos cristianos y honrados ciudadanos, y que igual que a ti para otros tantos fue mucho más que un colegio, porque aquello realmente era nuestra segunda casa, allí donde se fraguaron, verdad Rafa, nuestros dichosos años irreparables.

sábado, 29 de enero de 2011

Besos huérfanos


Enero avanza con sus días de lluvias, chaparrones de la vida que calan hasta lo más hondo de nuestra alma dejando los surcos de los goterones resbalando por los cristales; y con las heladas de sus noches frías, esas que en el interior del hogar ni te enteras, al aferrarte en estas noches de ausencias, al calor de aquellos besos que se habrán quedado impregnado con tu aroma entre las sábanas y que seguro servirán para ahuyentar la escarcha que la madrugada dejará a su paso al rayar el alba.
María, seguramente, ya esbozará desde su cuna de viaje aquellos balbuceos de sus conversaciones inacabables que se guardarán para siempre en el azabache de su mirada, mientras tú te aferras al sueño deseando que no suenen los sones solemnes de aquella marcha que a modo de despertador te hará darte de bruces con la realidad, aquella que no es otra que la de sus ausencias.
Y así estarás, huérfano de sus besos, aquellos besos que te sirven para vivir cada día y para remontar tantas cosas en el camino, los besos siempre prestos de quienes son tu vida y  tu esperanza y que tanto echas de menos en estas mañanas cuando no los tienes, que en la vida cotidiana, se valora tanto lo que es ajeno que hasta que no pierdes aunque sólo sea por un instante lo que es tuyo, no sabes cuanto te duelen aquellas cosas que son de verdad parte de tu vida.
Vuelta al pasado, como tantas veces, volver a estar aferrado al teléfono, al correo electrónico, a la webcam o incluso al facebook para sentir vuestros besos, los besos de nuestra vida, esos besos huérfanos con los que hoy amanecemos, pero por los que también hay que dar gracias en estas mañanas, porque por mucho que duela vuestra ausencia, sabemos que a diferencia de aquellos besos del pasado, vuestros besos de hoy son los del presente de nuestra vida, en la que si no estuvierais, no tendría sentido hoy, este sentimiento de ausencia.

miércoles, 12 de enero de 2011

La noche que nació el Mucho Betis


Hay momentos en esta vida que son inolvidables, y entre los vividos en nuestra pasión balompédica guardamos con especial emoción el de aquella fría noche de febrero de 1994 en que tras eliminar al Barcelona del Dream Team, la fiel infantería verdiblanca, se echó a la calle a celebrar aquel triunfo que sabía a gloria tras tanto tiempo de pesares.
Aquella noche, se nos olvidaron las tres largas temporadas que llevábamos penando por aquellos campos de segunda, igual que ahora, pero con la diferencia de que mientras ahora estamos lideres y el objetivo se ve cada día más cerca, por entonces, estábamos no sólo lejos de conseguir una plaza de ascenso sino tan siquiera de acercarnos a una plaza que permitiera jugar la promoción.
Aquella noche fría de febrero en la Plaza Nueva empezó a nacer un grito, el Mucho Betis,  que venía a sustituir a aquel manque pierda que se forjó en los momentos más duros del beticismo. 
Curiosamente aquel Betis fue, como siempre, capaz de la gesta ante el grande y de sucumbir ante el rival fácil, pues tras ganar en el Nou Camp, perdería días más tarde contra un equipo llamado Villarreal que no era ni mucho menos lo que hoy ha llegado a ser, lo que  terminaría provocando que llegara al banquillo un hombre fundamental en la historia moderna del equipo de las trece barras, Lorenzo Serra Ferrer, quien apenas unos meses más tarde no sólo conseguiría devolver al Betis a la Primera División, en aquel glorioso triunfo de Burgos, sino que lo llevaría a vivir las páginas más gloriosas de nuestra historia moderna.
Pero antes que llegara todo aquello, fue aquella noche fría de febrero del noventa y cuatro, en que aquel Betis, de segunda, perita en dulce apetecida por los grandes para pasar unos cuartos de final, hizo sucumbir al Barcelona de Cruiff , equipo que por entonces no sólo maravillaba en la liga española sino también a Europa y con ella al mundo entero, gracias a aquel gol de Juanito.
Aquella noche en la Plaza Nueva volvieron a ondear las banderas verdiblancas de nuestros sueños e incluso San fernando en su estatua terminó abrigado con una bufanda con los colores del Betis, mientras algunos votaban sobre el escudo de chinos de la plaza, y es que como titulaba la portada del ABC del día siguiente, Así es el Betis.

sábado, 8 de enero de 2011

Varas de medir


Somos los sevillanos, aunque nos duela reconocerlo, a veces de pedir el carné para no dar nuestra complacencia y aunque no se pueden olvidar otras cuestiones, eso es lo que le puede estar ocurriendo a Monseñor Asenjo con ciertos sectores a los que, quizás su forma de ser, castellana de Sigüenza, pueden haberlo hecho no calar del todo en ciertos ambientes de la ciudad, y que sus mensajes, con la claridad recia de Castilla hayan podido ruborizar más que no calar, en los momentos que nos ha tocado vivir, hay que llamar a las cosas por su nombre y no pretender seguir comulgando con ruedas de molinos.
Es por ello, que a pesar de los esfuerzos que se aprecían en quien hoy ocupa la silla de San Isidoro por integrarse en nuestras tradiciones,sin tener por ello que renunciar a sus formas, las varas de medir por parte de algunos siguen siendo excesivas y parecen que buscan la anécdota como clavo al que aferrarse para no dar su brazo a torcer y seguir buscándole pegas al Pastor .
Sus formas, distan mucho de las de su antecesor, ni mejor ni peor, simplemente distintas, pero a diferencia de Fray Carlos ya le hemos sabido apreciar detalles, quizás a  lo mejor menos solemnes, pero que demuestran su gusto por que la liturgia se desarrolle con la máxima solemnidad, y demuestra su entusiamo.
Esto ocurrió el pasado jueves, cuando terminada la procesión claustral por la plaza de San Lorenzo con la que culminaban los cultos de la hermandad del Gran Poder por la festividad de la Epifanía del Señor supo, mostrar su satisfacción por las cosas bien hechas.
Y nos acordamos entonces de las varas de medir de algunos, que estamos completamente seguros que más pronto que tarde, también empezaran a valorar como se merece a Monseñor Asenjo.