sábado, 30 de julio de 2022

Manzanillo, una raya en el agua de la ría


Manzanillo, tuvo la enorme suerte de encontrarse con un torero en estado de gracia como es Daniel Luque, quién ya cantó con el capote las bondades del bravo toro de Juan Pedro en el recibo a la verónica y que ya en el remate, toreándolo con una mano, le mostró al público que el toro era de cante grande, y ésto sólo era el inicio. El toro en la muleta, tenía la codicia de los toros buenos y a la segunda tanda, ya hubo quien comentó, "si no canta la gallina este toro es de premio" y así fue, un indulto de justicia y de verdad que nos hace olvidar otros no muy lejanos junto a la ría. 

Pero si importante estuvo Luque ante el bravo toro del hierro de Veragua, no lo estuvo menos, ante el quinto, un toro que reparaba la embestida y que ya en el capote se lo echó a los lomos. Pero al que Daniel tras una faena de mando, lo enseñó a embestir, metiéndolo en la canasta de su muleta y terminando poniendo en pie al coso onubense. La estocada -de libro- fue la mejor rúbrica a una faena de poder y mando.

Y junto a Luque, el genio de La Puebla, quien, tras perfumar la plaza a la verónica brindó al cielo e inició la faena con un homenaje personal a Litri, con el “litrazo”. Y después la faena descarada al cuarto en terrenos de sol, respondiendo a la voz destemplada que le pedía que se quedara quieto, y vaya como toreó por el pitón izquierdo en una faena de menos a más, de exposición y dominio. Tras matar a recibir, dejó una faena que se recordará por mucho tiempo.

Pablo Aguado, dejó detalles de su toreo ante sus nulos oponentes, destacando una verónica sublime, pero que supieron a poco para quienes le recordamos cuajar una de sus mejores faenas en esta plaza.

La gente salió toreando por la Vega Larga, tras una tarde histórica en el coso de La Merced en el que Manzanillo, con independencia del premio, fue una raya en el agua (de la ría) de esta temporada ganadera de Juan Pedro.

Foto: @huertas_melanie/ @toroshuelva


lunes, 9 de mayo de 2022

La honradez de Escribano

Nadie, en sus cabales, diría que la empresa de Manuel Escribano de encerrarse con seis toros de Miura en Sevilla fuera a ser fácil, pero la actitud del torero de Gerena durante toda la tarde, defendiendo la verdad de su tauromaquia, marcada por la honradez consigo mismo, con portagayolas, banderillas y quites variados, dentro de la complicación de los toros que le cayeron en suerte está por encima de toda duda. 

Sólo pudo pasear una oreja, del 5º Miura, el toro sin duda de la corrida, de nombre Remontista y con el que se vivieron los mejores momentos de la lidia, un toro al que Manuel Escribano toreo muy bien por ambas manos, primero con la mano derecha con mucho temple y luego al natural, en donde se vivieron los momentos más importantes de la faena. La colocación de la espada que dejó fulminado al toro, quizás un poco desprendida, pudo ser la causa en la que se amparó el palco en esta ocasión para no conceder la segunda oreja. Las cosas de la Presidencia de Sevilla que es capaz de dar orejas de pueblo en otras tardes y ponerse seria en los días en los que hay que saber valorar de otra medida y con más condescendencia lo que ocurre en el ruedo.

Mención aparte merecen las cuadrillas, debiendo de destacar que el matador compartió banderillas con José Chacón  y con Fernando Sánchez en el tercero y de nuevo con el banderillero toledano en el quinto, destacando el gran par que puso en el tercero. Importante igualmente fue el tercio de varas, donde casi todos los toros fueron puestos con distancia donde destacaron Manuel Jesús Ruiz Román y Manuel Quinta.

La honradez de Manuel Escribano fue reconocida por el público toda la tarde, ya desde que apareció vestido de blanco y oro con bordados granas por la Puerta Principal antes de hacer el paseillo o cuando lo sacaron a saludar al tercio o hasta en las tres ocasiones que se fuera camino de chiqueros. Esas  mismas ovaciones lo despideron cuando caía la tarde y el torero salía por su pie por la misma puerta. Tras cruzarla se cerraron los festejos de la feria taurina sevillana.

Fotografía: Pagés


domingo, 8 de mayo de 2022

Morante en estado de gracia


 

Morante esperaba apoyado en las tablas a que Lili le cambiara los terrenos al toro, en una estampa antigua que generaban comentarios de desaprobación de algunos en los tendidos, como esperando la enésima morantada, sobre todo por parte de un público ocasional, de sábado de feria que espera que le toque la lotería jugando sólo un boleto en la vida y desesperaba con el torero de la Puebla deseando un nuevo tropiezo y una bronca como la del segundo de la tarde.  Cuando Lili por fin, le dejó el toro en suerte, pocos de los que allí estaban daban un duro por este sobrero de Garcigrande que sustituía al Torrestrella titular, y en eso empezó el trasteo por alto y ya en el tercer pase la plaza era un clamor, que esperaba que llegara lo que tantas veces se esboza y no llega. Pero esta vez no era así, rompió la música a sonar, con Cielo Andaluz, y se empezó a forjar la faena que desde entonces, ya no sabemos si ocurrió o por el contrario fue producto de nuestra imaginación. La faena más rotunda de Morante en Sevilla al menos en el siglo XXI, naturales eternos, un cambio de manos colosal, toreo en redondo inacabable, carteles de toros que levantaban a la gente en los tendidos, manos en la cabeza de incredulidad, miradas que se buscan, y Morante mientras tanto cincelando el toreo con mayúsculas. Y así seguía la faena, con un toro que vendía sus embestidas caras, pero que más caro era el torero que tenía delante, que gran toro este Ballestero que esperaba en los chiqueros, para que lo modelara el genio de la Puebla, poniendo los muslos en el sitio por donde la verdad pasa, Morante en estado de gracia. La faena no es que sea la faena de la Feria, sino que será para siempre la faena de Morante, quizás el último genio de la tauromaquia, esa con la que ya soñamos en el recuerdo, esa que aún se engrandecerá más con los años, el hito inolvidable que borró de un plumazo todo lo que había ocurrido hasta ahora, una faena de dos orejas, que hacía que la gente saliera toreando de la plaza casi una hora más tarde.

Foto: Pagés


sábado, 7 de mayo de 2022

Criterios de Don Criterio


Con los criterios de Don Criterio -el Presidente- quiso arreglar en el sexto, aquello que él mismo, empezó desarreglando en el tercero, cuando premió excesivamente con dos orejas una faena de Roca Rey que en otros tiempos no hubiera pasado de una, tras la petición mayoritaria del público. Y así, la corrida terminó con un ruedo regado de almohadillas ante el escándalo de negar la presidencia una faena para lo que el respetable había pedido de manera mayoritaria la oreja que permitía la gloria de la Puerta del Principe para el peruano. Las concesiones baratas del palco de Sevilla, traen hoy el dique de contención de no premiar aquello que se ha estado concediendo desde que empezó el ciclo continuado de festejos. Como alguien dijo en la azoteilla en un corro de aficionados el palco de Sevilla, parafraseando el argot futbolístico, bien merece una nevera. 

El de la Puebla, venía vestido con un precioso terno malva y oro, cuya tonalidad nos traía recuerdos de San Lorenzo, pero cuando inició la faena al cuarto Morante se revistió de Sevilla vestida de luces, esto es de Pepe Luis, en este año de su centenario cuando citó al toro de Cuvillo con el "cartucho de pescao". Cuentan que el Sócrates de San Bernardo iniciaba así sus faenas por que escuchó a su abuelo que así iniciaba las faenas El Espartero. Cuando citó con el cartucho nos acordamos de aquel otro de hace 22 años, cuando con dos orejas de verdad en el esportón, el de La Puebla salió dispuesto a abrir la Puerta del Príncipe, pero cambió la gloria por el hule. 

Ayer, nos dejó la impronta de su toreo al natural, mientras, hoy sí, la Banda desgranaba los sones de Gallitoy tras un cambio de manos sublime, el toro se rajó y como manso buscó los terrenos de chiqueros. Aquello no fue óbice para que el torero cigarrero se fuera allí con él y dejara para siempre los detalles de su torería añeja al hilo de las tablas -bebiendo de las fuentes gallistas- y terminara matando al toro trocando los terrenos en un recurso que recordaba otros tiempos. La espada cayó trasera pero el toro cayó fulminado. La plaza se cubrió de pañuelos blancos y el palco concedió una oreja que paseó Morante en una solemne y entregada vuelta al ruedo. En aquel momento nadie se acordaba de la faena por la que un rato antes el palco había concedido dos orejas a Roca Rey.

Juan Ortega no estuvo fino, y sólo nos dejó detalles de su tauromaquia ante dos ejemplares de Cuvillo que quizás guardaban más de lo lo que mostraron.

Tristemente la tarde pasará a la historia por aquella en que el palco privó a Roca Rey de salir por la Puerta del Príncipe, por el criterio sin criterio de un Presidente que premió en exceso algo que no había necesidad y quiso corregir en el sexto lo que él mismo ya había organizado, siendo contrario a la petición mayoritaria del respetable. 

Foto: Pagés

jueves, 5 de mayo de 2022

Quo vadis, Sevilla?

 

En la azoteilla que da acceso a los tendidos altos en los momentos previos al paseillo, se reunen los cabales de todos los días para comentar lo que llevamos de Feria. Comentarios a favor de toreros como Tomás Rufo o de Daniel Luque, de quien sorprende que no llenara la tarde anterior tras su Puerta del Príncipe con los toros de El Parralejo. Todos coinciden mayoritariamente en que no hay afición, la que va de la mano de los abonados, y que con esto, se ha terminado fomentando un público festivo que viene sólo al reclamo del cartel de las figuras. Así está esto, por lo que cada vez es más complicado fomentar la fiesta desde abajo. Sevilla ahora es una plaza de abono, donde se prima al público ocasional, frente a la antigua plaza de temporada, con corridas y novilladas desde abril a octubre. Es la fiesta que nos ha tocado vivir, la que nos hace preguntarnos hacia donde va la afición de Sevilla sin olvidarnos del palco presidencial, quizás antes más plural, pero con sensibilidad para defender la categoría de la plaza.

Sin afición, esto es una quimera en manos de quienes manejan los hilos de la tauromaquia. El público de farolillos, de copa y clavel, ocasional es el que ha tomado los tendidos maestrantes, por lo que las exigencias -también por parte de quienes presiden el palco- son mínimas e importa muy poco la colocación de una espada para la concesión de trofeos, que se han vuelto en este año cada vez más baratos, y así, casi sin exigencias, llevamos cuatro Puertas del Principe en menos de una semana. La última ha sido la de EL Juli, al que no se le pueden negar su manera de torerar en esta temporada, su afición es inabarcable, pero al que se le conceden excesivamente dos orejas en su primero tras una estocada trasera, en la suerte de su creador. Y así con el cerrojo entreabierto, lo cortés no quita lo valiente, dió una lección de pundonor y mando con el toro de Garcigrande, pero tras un pinchazo y otra estocada trasera, le valdría otra oreja que le permitiría la séptima (o sexta efectiva) Puerta del Principe.

Otra oreja (muy barata) y sin petición mayoritaria cortaría Manzanares en el quinto, un toro al que recetó una estocada desprendida (por ser generosos) y al que toreó muy por debajo de lo que podríamos esperar. Pablo Aguado no tuvo suerte, pero para siempre quedará en nuestro recuerdo las verónicas con las que recibió al sexto, quizás de lo mejor, sin duda, que vimos ayer.

Foto: Pagés


miércoles, 4 de mayo de 2022

Orejas baratas


 

Cuando nos encaminábamos a entrar en la plaza, el cielo color panza de burra se recortaba a través de la antigua reja de forja - obra de Pedro Roldán del convento de Regina (Angelorum)- por la que acceden a la plaza quienes entran por la Puerta el Príncipe. La Giralda, parecía una transfiguración blanca sobre la oscuridad de la tormenta y la Santa Juana -ahora Giraldillo- marcaba con su palma a Alcalá. La tarde, una vez más se metía en agua, pero a diferencia de la tarde anterior, no había ni la mitad de la afluencia ara un Martes de Farolillos de esta Feria larga en cuanto a lo feriante  y con carteles rematadísimos en cuanto a lo taurino. Quizás este cartel, con toros de Juan Pedro-Parladé era una isla en medio del oceano de los carteles rematados y eso hizo, que muchos habituales lo dedicaran a pasar el día en familia en Los Gordales, y que en la plaza hubiera mucho público ocasional en medio de mucho ladrillo.

La corrida de Juan Pedro-Parladé fue más de lo mismo del Domingo de Resurrección, no llegamos esta vez a escuchar el grito en la grada de "¡Juampedro,veta ya!" pero no es menos cierto que los dos ejemplares de Parladé tuvieron más transmisión, dentro de su descastada condición, que sus parientes del hierro de Veragua. Ya sólo queda una más de la divisa de Lo Álvaro para San Miguel.  Y en medio de todo tres toreros, Daniel Luque, que volvía tras la Puerta del Príncipe de hace unos días, y a la que por suerte hubo algunos aficionados que tuvieron el gesto de sacarlo a saludar tras su gesta y que estuvo comprometido con el cuarto, en quizás lo mejor toda de la tarde, y que curiosamente se quedó sin trofeo, en esta plaza que esta temporada se dan tantas orejas baratas. 

Baratas -incluso muy baratas- fueron las orejas que cortaron Álvaro Lorenzo y Ginés Marín, a los toros de Parladé. Álvaro Lorenzo estuvo aseadito con el quinto, incluso haciendo que la música sonara -con Agüero- cuando tenía que sonar, lo que últimamente ya es noticia, pero aquello no subió el nivel y al final una estocada corta, tras unas bernardinas de fin de fiesta, hace que el toro caiga, y con menos pañuelos en comparación que otros días el mimso presidente concediera una oreja, las cosas... A Ginés Marín le tocó un sexto toro, con un punto de genio, al que sometió en los terrenos de chiqueros, y donde se hartó de darle pases, incluso alguo hasta mirando a los clarineros, mientras hubo quien llegó a destrozar un fandango (imaginamos que por los efluvios de los caldos y destilados de la comarca de Jerez)... Tras una estocada cortó otra oreja de esas que no pasaran a la historia, en esta tan baratata en cuanto a trofeos -y alguna que otra Puerta del Principe-,Feria de Abril.

Foto: Pagés

martes, 3 de mayo de 2022

Tomás Rufo, sol en medio del diluvio


La tarde bajo el diluvio tuvo un nombre propio, Tomás Rufo, el sol que iluminó las tinieblas y que paró la tormenta que resonaba sobre las arcadas del coso del Baratillo, con el empaque del temple y la naturalidad. Puede que la Puerta del Príncipe fuera un poco justa, después de la estocada caída que le recetaría al sexto, tras haber entrado previamente a matar o a morir en los enfangados terrenos del Tendido 3 y salir tras la espeluznante voltereta, despedido por el barro con el toro haciendo hilo tras él. Pero la emoción había embargado los tendidos, y el Presidente concedió la segunda oreja que posibilitaba la salida a la gloria del Paseo Colón con el atardecer de Triana, que para esa hora ya se había despojado de los nubarrones cárdenos y regalaba los tonos pasteles -anaranjados y rosados- del Aljarafe. No debemos olvidar sus excelentes maneras con el capote, acompañando la embestida con la cintura y llevando en las muñecas pura seda. Hubo alguna verónica que fueron eternas, y que se han quedado para siempre en las retinas de quienes lo vimos cuajarlas sobre el embarrado albero y por supuesto las dos faenas de muleta, la primera en los terrenos de chiqueros bajo un diluvio y la segunda llena de empaque y torería, demostrando que en su debut venía a torear en Sevilla y con la mente puesta en empresas mayores. El toledano ha entrado en Sevilla y eso no es fácil.

La tarde, además, tuvo sus teclas, con un Juli que toreó con maestría bajo el diluvio y con el viento como mayor enemigo en su primero, y que en su segundo dio una lección de entrega y poder bajo la lluvia, muchos más erguido que en otras ocasiones, y dejando un poso de armonía y la suavidad ante un buen toro de Victoriano del Río. Y un Roca Rey que estuvo enorme con el quinto, pero la espada le robó el triunfo. Tejera tampoco estuvo atinada y dejó la faena del peruano en la música callada del toreo.

La corrida de Victoriano del Río fue sin duda la corrida de lo que llevamos de feria, y quizás su buen juego se vió empañado por el estado de algunos puntos del ruedo, pero aún así hubo algunos toros de mucha nota.

En medio del diluvio salió el sol, y con él astro rey, el arco iris de los matices de un torero que se llama Tomás Rufo.

Foto: Pagés

domingo, 1 de mayo de 2022

Pobrecito salva a Victorino


El mano a mano entre extremeños, forzado por la baja de Emilio de Justo, no tenía en la competencia entre ambos toreros su fuerte y sólo Ferrera le hizo algún quite a toros de Perera. Como detalle, ni siquiera el público invitó a los toreros a salir a saludar al tercio tras romperse el paseillo. Y si observamos alguna competencia fue en las cuadrillas, como ocurrió en el tercio de banderillas que habían regalado Fernando Sanchez y José Chacón en el primero en el que ambos se llevaron una de las ovaciones de la tarde. Antonio Ferrera, sacó el capote azul que para dar visibilidad al autismo, que ya sacara anteriormente en su compromiso ante los victorinos en Valencia y que parece ser que no será un hecho aislado en la temporada del torero de Villafranca. 

La corrida de Victorino, hasta que salió el quinto iba de mal en peor, y salvo el tercero, que regaló algunas buenas embestidas, que fueron aprovechadas por Ferrera, pareciera que en la vacada de Las Tiesas hubieran echado agua al vino. La tauromaquia de Ferrera, ha terminado siendo algo sui-generis, pero no es menos cierto que mantiene la atención en la lidia, ya sea en el caballo -aunque se empeñe en ponerlos en una distancia exagerada- en los quites o en la verdad de su muleta. Otro gallo sería el asunto de como mata los toros, en esa suerte de matar al paso. En este asunto no debemos de olvidar el asunto de invitar en el brindis a Joaquín a pisar el ruedo maestrante, asumiendo el torero el pago de la previsible multa. 

La faena al tercero, donde brilló a natural, quedó sólo en petición ante la negativa presidencial de otorgar la oreja ante una sombra en la que no había mayoría de pañuelos.Y en el quinto, de nombre Pobrecito, un grandísimo toro, hijo de Cobradiezmos, con una embestida de las que llaman mejicana y que hubiera merecido quizás el pañuelo azul desde el palco, Ferrera, sólo cortó una oreja ante el fallo a espada en su primer intento, a pesar de quedarse en la cara empujando el estoque y salir con la talequilla destrozada. En este toro la sobreactuación del matador en determinados momentos empañó la verdad de su toreo, que destacó desde el ramillete de verónicas de inicio o en grandiosos naturales metido entre los pitones. Tras un mitin con la alguacililla, que no estaba para entregar la oreja, dio dos vueltas al ruedo, la segunda por su cuenta. Pobrecito nos salvó de una victorinada infumable.

De Perera poco podemos contar, salvo la faena al sexto, que lo cogió de mala manera, aguantando hasta el final de la misma y pasando a la enfermería donde le diagnosticaron dos cornadas en la zona lumbar. 

La Presidencia, en nuestra opinión, hoy estuvo correcta para mantener el nivel de la plaza, frente a un público festivo que ocupaba los tendidos. Esperemos que se mantenga el nivel ahora que llegan los días de Farolillos. 

Foto: Pagés



sábado, 30 de abril de 2022

Público vs excelencia

 


Tras la apoteosis de la corrida de El Parralejo, de origen Jandilla, se anunciaba un festejo con la ganadería del hierro de la estrella para Morante, Diego Urdiales y Manzanares con un no hay billetes en las taquillas.Esto último es a veces un arma de doble filo, pues como alguien me definió un día el público de una tarde de toros, el porcentaje de los que no se enteran de lo que pasa en el ruedo se incrementa y mucho, y no tienen porque entender la excelencia de lo que ocurre en el ruedo. Si a esto se le suma, una falta de sensibilidad de la banda que con determinados toreros suele tocar a destiempo o un presidente que mantiene en el ruedo un toro con un problema en la vista, que el gran público no tiene porque apreciar o que cuando llega una faena excelsa de Morante no tiene sensibilidad alguna y parece que cuenta los pañuelos para no dar un trofeo a todas luces merecido. Para el gran público lo más reseñable de la tarde fue el largo brindis de Diego Urdiales a Joaquín (como se escuchó en un tendido no un jugador del Betis, sino el jugador del Betis), la oreja del consentido Manzanares al sexto y que Morante había moranteado para mal toda la tarde, y que al cuarto no lo había querido ver, alguno ya si eso te comentaba de las verónicas de Urdiales .

Así que está claro, para el público ocasional, ese que  nunca llega temprano, se levanta a destiempo, entra varias veces al caballo de las copas para que le pongan un pullazo a 9 € la copa normal y a 12€ la copa premium y que incluso alguno se permite el lujo de casi derramarla en el sufrido especador de delante al ir a subir, por donde mejor considera, no se le puede hablar de excelencia. 

La excelencia de saber ver a Morante, con un compendio de tauromaquia completa, variadísimo con el capote, ya fuera a la verónica o por chicuelinas, desempolvando viejar suertes como la revertina o las verónicas de manos altas, o el sabor de la musica callada del toreo mientras dibujaba naturales llenos de gracia, que sólo fueron correspondidos por Tejera en la última serie con los sones de La Giralda. Faltó la sensibilidad para corresponder a la magnífica clase de toreo clásico de Urdiales -no se puede torear con más enjundia y más verdad- y se premió con una oreja barata, para los tiempos reales de la tarde, la mediocre faena de Manzanares al sexto, -que de haber entrado la espada hubieran sido pedidas las dos-,al que en otros tiempos hubiera desorejado por derecho como muchos aún esperan que vuelva a torear, ante el posiblemente mejor toro de la tarde. Desgraciadamente la excelencia está reñida con los públicos, porque éste cada vez es más ocasional y con ello menos aficionado.

Foto: Pagés/Toromedia




viernes, 29 de abril de 2022

La sangre y la gloria

La ilusión de todo ganadero sevillano es que un toro le embista en la Maestranza, y ayer hubo un toro con la divisa Verde Betis y Oro que era para soñar el toreo, con una embestida en que hacía bueno su nombre, Dulzón, pues era dulzura lo que regalaba por ambos pitones. Ese toro con el que soñaba que un día le saliera a D. José Moya Sanabria, el recordado ganadero de El Parralejo, y que le tocó en suerte a Perera que aunque cortó una oreja estuvo por debajo de las condiciones del toro.

Precisamente a Dulzón, le haría Daniel Luque, un quite por ajustadísimas gaoneras que fue  tarjeta de presentación para lo que habría de venir después, ante un toro, tan distinto al anterior, al que dominó con su muleta. El toro llevaba ese peligro sordo que engañaba y cuando mejor lo estaba toreando le echó mano al torero de Gerena, al que le dio una soberana paliza, en unos segundos interminables en que los pitones buscaban el pecho del torero.
 
Se levantó con la taleguilla del precioso terno verde y azabache hecha jirones y manchada de sangre, y aún dolorido, siguió toreándolo como si fuera bueno.La estocada, que de momento es la estocada de la Feria, fue de efectos fulminantes, a lo que conjugado con la faena puso en manos de Daniel Luque una oreja. Tras pasearla por el anillo, pasaría a la enfermería, de la que saldrían para iniciar la faena del sexto.
 
El sexto era otro toro por el que en principio nadie daba un duro, salvo el torero, que lo brindó a la plaza. Fiel a su estilo, lo domeñó, sacando lo mejor de su repertorio, con un enorme circular, que aún lo está dando y que puso en pie a la plaza para relatar con la traca final de las luquesinas. La.estocada, en buen sitio, no fue tan fulminante como la anterior, lo que no fue obvice para cortar las dos orejas y abrir la Puerta del Príncipe.

Daniel Luque mostró su mejor versión, conjugada con la sangre y la gloria y que le permitió cumplir el sueño de ver a hombros el atardecer de Triana.

Foto: @arjona

jueves, 28 de abril de 2022

Chismoso, el sol de los gitanos

 

Era una tarde de abril, de esas que en la solanera el sol pica, y de pronto una nube cardena, en medio de la luz dorada, rompe a llover con eso que algunos llaman la lluvia de los gitanos. Chaquetas empapadas, las colgaduras -cada vez más descoloridas por cierto- como toldos sobre los sillones de tendido y las almohadillas sobre las cabezas...mientras sobre la bóveda celeste de la Maestranza un arcoiris recorre de sombra a sol toda la plaza.
En medio de todo esto, Chismoso rompe a embestir, en la muleta de Alfonso Cadaval, suenan los bieeeeen en los tendidos altos, gente que espera, que ve que el toro tiene transmisión, un bravo de esos que a veces son armas de doble filo. Alfonso se acopla, Suena la música, Tejera rompe con el pasodoble de Rafa Serna, Cadaval intenta templar la embestida, que pide mando a la par que suavidad para llevarlo más despacio, sorprende por momentos para bien el torero de Triana afincado en Utrera, que le ha salido una papeleta, de esas por las que muchos suspiran, la verdad del toreo, ese toro que te puede encumbrar para bien o mandarte a tu casa, y más cuando se trae tan escaso bagaje, y la alegre embestida del de Santiago Domecq, que pide más... El torero entra a matar, más con el corazón que con la cabeza y deja un pinchazo hondo que basta.Muchos se miran en los tendidos, algunos se preguntan si habrá sido uno de los toros de los que nos acordaremos el lunes sin resaca tras los Miuras, -¿habrá sido Chismoso el sol de los gitanos que brilla tras la tormenta de lo insipido?-  se concede una oreja al torero y una ovación fortísima en el arrastre al toro que bien hubiera merecido haberse ido sin las orejas, quizás en otras manos, -o quizás no-, no lo sabremos nunca. Ojalá el premio le sirva a Alfonso Cadaval, -que venía vestido con un terno que recordaba al de su amigo Pablo Aguado-, que en el sexto, quien sabe si hubiera podido hacer más, y al que le tocó un lote de esos que hacen cabilar en la soledad del torero.
 
Foto: Pagés/Tauromedia
 
 

lunes, 25 de abril de 2022

Vienen pidiendo más

 
La tarde andaba condicionada por lo vivido horas antes por el glorioso Real Betis Campeón, alguna que otra bufanda, corbatas béticas y chaquetas de tonos verdes se vieron por los tendidos. El helicóptero daba vueltas sobre el Baratillo, a veces permaneciendo en exceso como queriendo vislumbrar desde la altura la faena encimista de Esaú o la torería de Javier Jiménez. La tarde anunciaba a seis toreros sevillanos, que piden más pero que sólo han podido conformarse con esta oportunidad, dentro de las combinaciones de la Feria de Abril, con un encierro de Ave María-Santa Ana, que no fueron a la postre, el mejor lienzo para poder sacar lo que cada uno llevaba dentro y en donde se estrellaron tantas ilusiones. Pero aún así, Alfonso Oliva Soto, demostró que su poso de torero, está en aumento, con el sabor que dan los años, ese que nos hace esperarlo desde hace más de una década. Porque el de Camas, pide más y mejores oportunidades. Y no podemos olvidarnos del temple de Ángel Jiménez que supo aprovechar la oportunidad que le brindó el toro de Virgen María que cerraba el festejo. El resto de la terna estuvo por encima de sus oponentes, pero la actitud de los toreros se estrellaba con la aptitud de los astados, bien presentados pero de desigual juego, donde debemos de destacar el capote de templado de Borja o la voluntad de Paco Lama ante, un precioso burraco que mermó sus fuerzas, tras encelarse en exceso con el caballo.
Lo triste, es que de momento, de nada ha servido que Oliva Soto o  Ángel Jiménez, aprovecharan la oportunidad y vengan pidiendo más, porque quien tiene la posibilidad de contratarlo ha preferido dejar en mano a mano el cartel que ya tenía un hueco. La tarde que era de cante grande en verdiblanco, no pasó de cante chico en el Baratillo.

Foto: Pagés/Tauromedia

lunes, 11 de octubre de 2021

La libertad de ir a los toros

 

Cuando aún están calientes los rescoldos de la pasada Feria de San Miguel, Madrid guarda aún la traca final de su Feria de Otoño. Huérfanos como estamos en estas fechas de Zaragoza apenas nos quedará Jaén en el horizonte con un cartel  de lujo que aúna los tres nombres que han revolucionado está temporada: Morante, Emilio de Justo y Juan Ortega, y que invitan a tomar carretera y manta hasta la capital del Santo Reino para acudir al coso de La Alameda.  

En medio de todo esto surge el ruido de los políticos, con bonos culturales para jóvenes que vetan a la tauromaquia, o las opiniones de una universidad que censura la libertad de que los padres puedan acudir con sus hijos menores a las plazas de toros o incluso plantean impedir el acceso de los menores a los espectáculos taurinos hasta los 16 años.  

La vida para algunos es prohibir aquello con lo que no comulgan, hacer bueno aquel dicho de que lo que no se conoce no existe, cómo podríamos extrapolarlo a otras disciplinas artísticas o deportivas a las que no se les da ni tan siquiera difusión en los medios de comunicación de titularidad pública.

Es compensible que la fiesta de los toros quizás sea un espectáculo crudo para una sociedad donde todo está muy manufacturado, pero no es menos cierto, que su catalogación cultural obliga no sólo a la defensa sino a su fomento. Por eso no hay mejor fomento y manera de tapar ciertas bocas que acudiendo con libertad y naturalidad a las plazas. O como nuestro capitan Joaquín, retratándose de corto y rodeado de trastos.

Sin ir más lejos mañana, en que en el Baratillo se presentarán sin caballos quienes tienen la ilusión en el futuro -pero también en el presente- de ser y vivir en torero. Algunos de ellos, por su edad y de prosperar las ideas de los censuradores no solo no podrían torear, sino que posiblemente tampoco podrían sentarse en los tendidos de la plaza aun acompañados de sus progenitores
 
Pocas cosas hacen hoy día más libres a un español, frente a quien intentan imponer un discurso lleno de medias verdades que solo buscan prohibir lo que no les gusta o no entienden, que la  independencia personal que nos permite acudir con libertad a una plaza de toros.



lunes, 4 de octubre de 2021

¡¡¡Viva Morante!!!

 


La extraordinaria Feria de San Miguel que hemos dejado atrás ha tenido en lo positivo varios nombres, el capote de Juan Ortega, el querer ser figura del toreo de Emilio de Justo, la capacidad de Daniel Luque, el temple de Escribano, el toreo según Sevilla de un toreo de Arnedo llamado Diego Urdiales... pero sobre todos ellos ha habido un nombre, quizás la última gran figura del toreo, quizás el último gran torero de época, quizás el último genio de la tauromaquia, el que ha hecho bueno aquello que un día dijera Guerrita, "Después de mi, naide..." Ese torero es bético, de un lugar que se mira al Padre Betis y se anuncia en los carteles como Morante de la Puebla.
Y es que lo de Morante, ha sido supremo, ya en la primera tarde, la de aquel Sábado de Resurrección en septiembre, dejó la impronta de su toreo en una faena cargada de torería y valentía, el día del mano a mano con Juan Ortega fue una cumbre del toreo de capotes, y la cumbre artística llegaría sin duda el viernes pasado con la FAENA en mayúsculas no de este San Miguel histórico, sino de muchos seriales en esta plaza. Aquel día faltó sensibilidad en el palco para dar los trofeos y en la afición para haberse tirado al ruedo a sacar al torero a hombros por la Puerta del Principe, tras aquella sinfonía callada del toreo, aunque hubiera sido con delicadeza tras la paliza que le había propinado el de Juan Pedro al cogerlo de mala manera cuando más barroco y roto estaba toreando. Aquello fue como dijo alguien una barbaridad.
Y para rematar, la gesta de anunciarse con Miuras y la vergüenza torera, tras cuajar otra faena preñada de torería el pedir al personal que no le pidiera trofeos e incluso negarse a dar la vuelta al ruedo por respeto a la plaza y a la afición que había acudido a verlo torear una corrida diferente.
De los catorce festejos ha habido cinco llenos, y de los cinco, cuatro han sido de Morante, señal inefable del torero que estamos disfrutando… Morante en su temporada más completa se ha convertido en el rey de los toreros, pero no sólo en el de los toreros de arte, si no en el de los toreros valientes, en el de los toreros enciclopédicos, quien le ha mostrado al mundo que ser figura del toreo y más en estos tiempos no es esperar sino dar el paso adelante y dar la cara por la Fiesta. 


Viva Morante!! Viva el toreo!! (Y Viva er Betis!!!)

Del Cartucho de Pepe Luis en el programa Verde y Oro de Radio Betis 04/10/2021  

 
Foto: Arjona /Toromedia

Vergüenza torera

 


Desde que se supo que Morante quería hacer el gesto de anunciarse con el hierro de Miura, la fecha estaba marcada con los colores de la divisa de la gandería de Lora del Río, en la agenda de los aficionados. Primero para el 2 de mayo y tras la suspensión de primavera para el 3 de octubre poniendo fin a la extraordinaria Feria de San Miguel. La plaza registraba un nuevo lleno de no hay localidades, de los cinco llenos cuatro los ha puesto sólo el de La Puebla en sus respectivas actuaciones en la mañana de cada festejo, si bien este último traía la expectación de enfrentarse a los de la A con asas sabedores que sería distinto a todo lo anterior. 

Para la apuesta -que finalmente resultó a medias- apareció por la Puerta Principal estrenaba José Antonio un vestido de tabaco e hilo blanco, con la chaquetilla de alamares y con el chaleco bordado en oro y con unas medias blancas que recordaban a aquellas que usara José, cuando la muerte de la Señá Gabriela. Y así estábamos cuando apareció el primero de Miura, un salinero de nombre Aceitero, sin duda el más de Miura del terciado festejo, -curiosamente en una Feria de toros cinqueños algunos casi rozando los seis años, los de Miura eran cuatreños y eso en esta ganadería se nota mucho- al que recibió con el capote sin mirarle el hierro, dejando verónicas de otro tiempo, incluso codilleando al final del lance, y una media fastuosa en el quite a la que se unió un precioso galleo por chicuelinas. Ya en la muleta, el toro y el viento apenas lo dejaron lucirse, pero quedaron algunos detalles ntre ellos algún pase de trinchera que valió la entrada. El Miura que hacía cuarto, fue devuelto entre protestas por el deficiente trapío por invalido, y salió un toro de la ganadería sevillana Virgen María, con su divisa celeste y blanca que recuerda los colores marselleses de sus propietarios. El toro, no era una panacea, pero ante la torería, la técnica y la decisión de Morante en esta temporada, hasta taparon los defectos. Para la historia quedará esa foto toreando con el sombrero de Rafael Peralta en la otra mano antes de entar a matar a recibir, en el que quedó baja la espada. El gesto del torero pidiendo que no le concedieran trofeos y negándose a dar la vuelta al ruedo, vergüenza torera le llaman, era según escuchamos porque él había venido a torear una corrida de Miura.

De vergüenza torera y buen hacer estuvo Escribano, ante un gran toro de Miura, el mejor del encierro. Al que recibió a portagayola, toreó con gusto con el capote y banderilleó con valor. El temple fue fundamenteal para sacar lo mejor del Miura que tenía un pitón derecho extraordinario, por el izquierdo no era tan claro, pero Escribano apostó por él, sabiendo que hay había mucha verdad y peligro, resultando cogido afortunadamente sin consecuencias y condicionando que quizás esta fuera la causa de la concesión de la segunda oreja. En el quinto nada pudo hacer. Como apenas pudo hacer nada Pepe Moral con un lote a contra estilo.

Cuando salíamos de la plaza, tras alguna despedida de aficionados hasta el año que viene, la cartelería anunciaba  un festejo de promoción para el 12 de octubre, la mejor noticia en esta vuelta a la normalidad que vamos recuperando.

Foto: Arjona /Toromedia

domingo, 3 de octubre de 2021

Diego Urdiales, torero de Sevilla

"Diego Urdiales es torero de Sevilla, aunque Sevilla no lo haya visto. Es torero de Sevilla aunque Sevilla todavía no lo sepa...", como escribiera Lorena Muñoz, en aquel Diego Urdiales. Retrato de Pureza que es como el antiguo testamento de quienes clamaban por Urdiales desde el desierto de otras plazas alejadas del Baratillo. Diego Urdiales con la pureza, la naturalidad y la profundidad de su toreo ha entrado en Sevilla. aquella Sevilla por la que tanto suspiraba desde que escuchó hablar de ella por la boca de su maestro Rafael Guerrero, un sevillano de Arahal que fue banderillero y que entre otras cosas enseñó a Diego que el toreo siempre debe de fluir por las venas aunque sea pintando estuco veneciano. Esa Sevilla que un día pesó mucho más, desde que fue señalado por el Faraón y de la que hasta ahora sólo nos había quedado el perfume de su toreo en contados detalles cuyo máximo premio fue alguna que otra vuelta al ruedo. Pero estaba por llegar el día en que Urdiales rompiera las costuras de Sevilla, tocara su fibra y se le entregara, porque Diego será de La Rioja, pero interpreta y siente el toreo como los hijos de este cahíz de tierra. Porque Diego Urdiales es torero de Sevilla.

Fue con su segundo cuando destapó el tarro de las esencias, dejando claro que el vino de La Rioja no deja resaca si no que riega con odres nuevos la plaza tras la tarde anterior, y lo inició con unas verónicas que traían el aroma del toreo eterno, -¡vaya Feria de capote llevamos!- con el capotito recogido muy en corto, ganándole terreno y saliendo más allá de las rayas. Ya en la muleta, inició el trasteo mandando y corrigiendo la embestida del toro con mando y naturalidad y ya en la segunda serie vibró la plaza que llegaría a su cenit al torear al natural, el pitón que no había sido el menos claro, cuando templó la embestida en una serie soberbia que levantó al personal de los tendidos mientras la plaza crujía. Volvió a la mano derecha y empezó a torear tan despacio que no hubo relojes para la pureza de su toreo y ya con la espada de verdad, dio una serie de naturales de frente que fueron el remate de la obra con la plaza casi convertida en manicomio. Dejó un espadazo, otro más, y ya había pañuelos pidiendo trofeos, que blanquearon los tendidos y que concedieron los dos trofeos. Sevilla ya había visto a Urdiales, siempre sabe esperar a sus toreros y hacerlos suyos y confirmó lo que un día escribió Lorena Muñoz, Diego Urdiales es torero de Sevilla. 

Foto: Arjona /Toromedia

sábado, 2 de octubre de 2021

¡Qué barbaridad, más grande...!


Fue justo a esa hora, en que con la montera calada y el capote plegado sobre el brazo Morante cruzaba, sin prisa pero sin pausa, el amarillo albero buscando la Puerta Principal, mientras el horizonte del cielo de Triana se quedaba huérfano de ver al torero izado. Fue justo en ese momento cuando realmente despertamos de lo que creíamos haber soñado, cuando alguien nos tocó por el hombro y nos dijo: 
"-¡Qué barbaridad, más grande...!"
Hasta entonces, todo lo que habíamos vivido podría haber sido perfectamente producto de nuestra imaginación... desde el recibo de capote hincado de rodillas con aquellos tres lances, que quien sabe si no habrían salido de la inspiración del mismísimo Fernando Gómez, Gallito Chico,  aquel que soñaba con el capote lo que sus hermanos después ejecutaban, y a continuación, el toreo a la verónica, barroco, profundo, solemne y la media canónica que terminó poniendo a la plaza en pie, mientras sonó la música. Y después, ya con la plaza en inicio del éxtasis, Morante desempolvaría las antiguas tauromaquias con la suerte de las tijerillas, como su admirado José, para llevarlo al caballo. El toro para el resto de los mortales -incluido la mayoría del escalafón de matadores- no era de cante grande, pero en las muñecas del genio convirtió en seda su embestida descompuesta en el inicio por bajo al natural, rodilla en tierra, seguidas de unas trincherillas, Morante había empezado a afinar al toro, en la que sería la gran sinfonía callada del toreo, que empezaría en toda su dimensión tras un sublime pase de pecho. La música quiso tocar, y Morante la mandó callar porque no estaba invitada a esta partitura de derroche y de pasión, se puso allí donde los toros embisten, y al natural marcó los tiempos del toreo eterno, tan embriagado estaban toro y torero, que el toro pisó la muleta y siguió embistiendo al ralentí, cogiendo al torero de manera fea, pero por suerte sólo empalándolo... Volvió a la cara del toro con más verdad aún si cabe, y lo citó de frente, la plaza ya era un manicomio enloquecido que rugió en el molinete invertido... Se fue detrás de la espada y cobró una estocada casi fulminante. La plaza rugía, era un mar de pañuelos, el Presidente, él sabrá porqué pausó el mostrar de los pañuelos y no los sacó a la vez... Algunos se preguntaban si no había dado el rabo, no había respuesta, ya después vino la vuelta al ruedo... Morante había destrozado la corrida, la Feria de San Miguel, y quien sabe si la temporada de 2021, sólo se que yo estaba allí. El cielo de Triana se quedó esperando al genio del toreo de nuestro tiempo, mientras por el Baratillo la gente iba toreando por la calle.

Fotografía: Raúl Caro/EFE

viernes, 1 de octubre de 2021

Sevilla ya no es lo que era...


Iba la faena de El Juli a su primero "in crescendo", cuando una voz comentó casi en susurro:  “- Si El Juli quiere es capaz hasta de indultarlo… y entonces vamos a tener lo de Matilla hasta en la sopa…” pero por alguna razón al torero de Velilla no apuró o no sacó, lo que en otros tiempos no muy lejanos hubiera sacado sin complejos, quizás sea la nueva dimensión de su tauromaquia, o quizás, que para eso doctores tiene el toreo, que El Juli prefirió dejarlo como estaba, y lo que en otros tiempos hubiera sido un toro de estos que le hubieran entreabierto la Puerta del Príncipe se quedó en una oreja con fuerza, aunque si lo pensamos fríamente era una oreja de estas baratas que se han puesto de moda en esta temporada en Sevilla  tras matarlo del habitual "julipié". A Manzanares, por su parte le tocó en suerte el lote más potable de sus apoderados, el primero un toro manso pero manejable al que toreo a favor de querencia y quien sabe de si no haber marrado con la espada no hubiera cortado una “orejita” como la que cortó en el quinto, un toro que a pesar de su invalidez acudía con cierta clase a los engaños y que en la muleta metía la cara aunque las fuerzas terminaran fallándole y  acabara desplomado en terrenos de chiqueros. Manzanares, conocedero de los terrenos y de las características del toro, lo mató a recibir de una fulminante estocada de las suyas y cortó una oreja de esas que no recordaremos pasado mañana. Y Ureña, puso la emoción en la tarde, ante el peor toro del encierro, descastado, huidizo, que cogió de mala manera a Azuquita -aunque sin consecuencias- cuando guardaba al caballo que hacía puerta, y con el que el de Lorca estuvo muy de verdad, jugándose el tipo, y tragando lo indecible para sacarle algunos muletazos, como los que le sacó al citar de frente al natural, mientras sonaba la música a su aire, como si la Maestranza fuera de esas plazas donde la música suena con independencia de lo que ocurre… A pesar de ello, la verdad de Ureña es incuestionable pero la oreja que cortó no es de recibo ante tamaño bajonazo. Como alguien me decía al salir, esta plaza ya no es lo que era….