miércoles, 22 de abril de 2009

Sagrada columna


Una tarde más de sufrimiento, una tarde más de ver toros complicados, de toros imposibles para el lucimiento de los toreros y de toreros imposibles, pegapases que no entienden que la lidia es otra cosa, que no ven por donde puede estar el lucimiento del toro... y una tarde más para seguir soñando con que salga ese toro y ese torero que nos pongan de acuerdo a todos, misión imposible de esta fiesta vivida en el modo y forma que heredamos en este mediodía español.
Y en medio tú, milenaria columna de los mármoles romanos de Itálica de este coliseo, hijo póstumo del de Pompeya que es templo sagrado del toreo, en medio siempre tú, por que sin ti no habría grada ni los más de cien arcos donde se sustenta la gracia de nuestros sueños, para que nos dividas las faenas en dos mitades, como las dos suertes a la hora de matar, suerte contraria y suerte natural, como las dos mitades en las que se dividió el toreo desde tiempos inmemoriales, que el toreo fue siempre cosa de dualidades, mucho antes de que con la edad de oro del torero se hablara de José y Juan.
Por que sin ti columna, que sustenta esa grada alta de sol, que siempre es sombra, de mis tardes de toros nada sería lo mismo, porque yo no envidio ni a las primeras de barreras, por el miedo que le tengo a los estoques, ni a los incomodos sillones de tendidos que a ver quien es el guapo que consigue el abono de uno, porque eres hasta trasparente cuando nuestra atención es sólo para el ruedo y la lidia, porque sin ti quizás las gradas perderían su encanto y nuestra plaza, sultana, reina mía, como la llamaba nuestro José Álvarez `Juncal´, no sería lo mismo.
Ya salgo a tu encuentro una tarde más, compañera incomoda e inseparable de mis tardes de toros.

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