viernes, 3 de octubre de 2008

El Laredo que nos robaron


A través de tus cristales, se contemplaba la más bella estampa que de esta ciudad se pudiera contemplar, la Plaza de San Francisco y la Giralda que se asomaba al balcón formado por los tejados de Hernando Colón, como una muchacha recién levantada para tomar el primer aire de la mañana.
Invitaban aquellos cristales a disfrutar de la tertulia ante un café, entre aquella decoración rancia, hermosamente superada, pero no por ello carente de su vigencia y su modernidad trasnochada, sus sillas de madera, sus alturas, sus azulejos, todo aquello traía un aire de hermoso Café que se había anclado en el tiempo.
Como olvidar a su camarero, con su chaqueta inmaculadamente blanca y su pajarita, como olvidar aquellos momentos entre el diseño innovador y vanguardista de Juan Miguel Sánchez, aquel que un día hiciera aquel cartel tan apócrifo de la Macarena para la Semana Santa de 1931, última Semana Santa monárquica, última en la que salió aquella Hiniesta que más tarde nos robarían por el procedimiento del fuego purificador anticlerical a las generaciones de sevillanos que estábamos por venir y que desgraciadamente nunca pudo reflejarse en los cristales de este café tan nuestro ante el que pasaban todas las Cofradías.
Pues igual que nuestros abuelos nunca pudieron enseñarnos la Hiniesta de San Julián, nosotros tampoco podremos, como sí hiciera mi abuelo un día, en aquellos largos paseos por el centro, para como él decía tomarle el pulso a la Ciudad, enseñarle a las generaciones que han de venir el último Café que nos quedaba.
Sólo podremos hablarles de Juan Miguel al mostrarles el palio de los Negritos o bajo los frescos de la estación de autobuses del Prado.
Ahora del Laredo ya no queda nada, ni tan siquiera el reflejo al pasar por su vera, será ya el mismo, en esas ocasiones en que mirabas el interior por sus cristales y veías esa imagen anclada en el tiempo, que desgraciadamente ya no tiene nada que ver con lo que era, pues todo ha sido destruido y sustituido por una decoración supuestamente art-decó que lo hace completamente irreconocible y que demuestra la procedencia y el gusto de quienes se han hecho con la concesión.
Y para rematar la faena, una terraza-velador ante la fachada plateresca hermosamente incompleta del Ayuntamiento ¡toma ya! Para que pasen ante ella todos los días, aquellos que lo han permitido al bajar de la Sala de Prensa…
Hoy, yo tomo prestadas las cadenas del Puente de Barcas que rompiera en su día el Almirante Bonifaz y que cuelgan precisamente de la bóveda central de la parroquia de la Asunción de Laredo, por lo que aparecen junto al río y a la Torre del Oro en el escudo de la bella ciudad cantabra, y me encadeno a mi mismo para no entrar en el nuevo Laredo, un lugar que fue creado par el disfrute de los sevillanos y es un bar cateto y falso para que se sienten los turistas.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Lo de Robles no tiene perdón de Dios y los babosos que se lo permiten menos.
¡CATETOS!

pemolito dijo...

Lámparas venecianas, uniformes semiguerreros¡###'???]¡¡¡¡....que parecen enfermeros de quirófano de hospital de mutua particular.....yo echo de menos las cangrejeras nucleares (de ariel) y las pajaritas con solera.

QUIERO Y NO PUEDO......

(PLATAFORMA OTRO LAREDO ES POSIBLE)