domingo, 14 de septiembre de 2008

Un cuento Bofetero


Erase una vez un Martes Santo, un día radiante, en que la Plaza de San Lorenzo estaba llena de alegría, la cola del besamanos del Gran Poder, era inmensa y el paso de palio de la Virgen del Dulce Nombre, parecía esperar impaciente las horas para echarse a la calle, aquello era una felicidad increible, los hermanos comentaban lo vivido en los días anteriores, algunos se saludaban después de un año de no verse, en los corrillos que se formaban en la plaza se vivía la inmensa felicidad de una mañana de Martes Santo...
De pronto, el cielo azul se cubrió de nubes y el viento trajo las primeras gotas de fría lluvia de primavera, con ellas se fueron las caras de felicidad de quienes aguardaban en la Plaza y algunos, esos hermanos de todos los días, para quienes su trabajo era la superación para merjorar cada año el patrimonio y las formas de sus Cofradía, rompían a llorar... si amigos todos lloraban, y con la lluvia nuestra alegría se tornaba en angustia y en tristeza, así andabamos cuando las primeras noticias del resto de las Hermandades empezaban a ser bastante pesimistas, ya el Cerro se volvía sobre sus pasos, Los Javieres y San Benito decidían no salir, San Esteban pedía prorroga, Los Estudiantes se quedaban en el Rectorado y así una a una el resto de las Hermandades del día...
Se acercaba el momento de vestirnos de nazareno y nuestra felicidad anual, se tornaba en desgana, la tristeza golpeba el cristal del parabrisas y la ilusión la perdíamos al ver llorar incesante al cielo de Abril, llegamos a San Lorenzo y las caras eran un autentico poema...
Entonces salió nuestro Hermano Mayor y tomó la palabra para tranquilizarnos y decirnos que había un rayo de sol dando sobre la veleta de la parrilla de San Lorenzo, aquello fue un rayo de esperanza al que agarrarnos que se transformaría en jubilo inenarrrable cuando se abrieron las las puertas de San Lorenzo y salió la Cruz de Guía, si bien nunca podremos olvidar aquellas palabras del Mayor que momentos antes pedía tranquilidad, y tras asegurar que no iba a llover, hizo la ya aquella histórica muletilla de: "pero si llueve el agua sólo moja..."
La luna de Parasceve parecía brillar con más fuerza, y tras salir junto a Jesús ante Anás tomamos la calle y allí aguardamos ese momento en que palio abandonó la plaza a los sones de Virgen de las Aguas... así salió el Martes Santo de 2003, quizás uno de los días más felices de nuestras vidas, y colorín colorado, este cuento hecho realidad se ha acabado...
Esperamos que como a nosotros entonces, este final os haya gustado...

Coda final: Durante tres días y un epílogo hemos escrito este triduo a nuestra Hermandad con motivo de sus cultos a la Virgen del Dulce Nombre, van dedicados todos ellos a los hermanos que nos precedieron, a los que hacen la Hermandad del día a día, pese a las diferencias y a los que vendrán.

3 comentarios:

Lorenzo Blanco dijo...

¡Que noche la de aquel día!

El Humilladero dijo...

Emocionante...¿quien puede olvidar aquella jornada?

Anónimo dijo...

Fué Una noche inolvidable y que perdurará por siempre en el rincón de nuestros Recuerdos.

Magnífico relato Pepe Luis