sábado, 14 de marzo de 2009

Si bene locutus sum cur me caedis


Ya vienen las savias nuevas a quienes legaremos aquello que un día nuestros mayores nos legaron, ya hay quienes buscan la esclavina azul con la cruz trinitaria, terciopelo de retales de una restauración de hace ya treinta y cinco años, la vida pasa, pero ellos permanecen, con la ilusión de la primera vez, y fíjate que en esta mañana correrán por la plaza, como tú también correteases, con la medalla con el cordón rojo y azul al cuello, mientras del interior de la Parroquia salían, como hoy, las solemnes notas de los violines y la viola de la capilla musical que dirigía Luis Lerate, con su violín y su pañuelito blanco al cuello, ellos habrán de beber el mismo agua, de la misma pila, de la que tu bebiste de la mano de Curro, ellos habrán de escuchar hablar de esa Hermandad que tu viviste en tu infancia, esa de la que nunca olvidarás a Enrique o a D. Manuel Filpo.
Cuando suenen los altos sones de Dulce Nombre, querrás volver a coger la mano de tu padre para acercarte a la protestación de fe, la vida se renueva pero en esta fila que te antecede siempre perdura, porque en ella habita la hermandad de nuestras vidas, las de las generaciones pretéritas, que se marcharon y la de aquellos que disfrutamos de su presencia y que será la misma de los que ya vienen, porque la hermandad es como esa túnica de nuestra niñez, que con los años le fueron echando el dobladillo y que hoy ya espera retales nuevos.
Y conforme te vas acercando al altar, observa esa Hermandad que permanece, esa que a pesar de las personas y las circunstancias no cambian, ya ves al Hermano Mayor con la vara dorada, hoy la tiene Manolo, pero que no deja de ser la misma que un día asumieron Jesús, Juan Luis, Pepe o Martín, y Ángel Casal, siempre nuestro teniente, por mucho que pase la vida y otros ostenten ese cargo, por no recordar a todos esos que un día se pusieron al frente de la misma desde D. José Vaca, cuando las circunstancias no eran tan fáciles como ahora.
En esa fila que nos anteceden hoy están todos aquellos que fueron y son nuestra hermandad desde Filpo y Enrique, desde Martín a Juan Luis, la de Julio Montes y Salaíto, la de Neguillo y Agustín Carlos, es la misma hermandad de quienes siguen con nosotros como Alfonso García de la Paz o la de Pepe Fluja, es la Hermandad del ayer, pero también la del presente, la de los mayores y la de los jóvenes, esas que están unidas por ser y sentirse de la Bofetá, a la que nos duele por sus cosas, porque ella es parte de nosotros.

La fila de la protestación de fe, va acercándose al altar mayor donde espera el Evangelio con las Reglas ante la presencia de nuestros titulares, en ella va el legado de lo que un día recibimos y que pronto tendremos que depositar, en los que ya amanecen a la vida como el nuevo sol de nuestro escudo.
(Foto: Roberto Villarrica)

2 comentarios:

Dama dijo...

Eso es el testigo de una Hermandad, nunca lo había definido tan bien nadie.
Y además, de una Hermandad tan especial.
Enhorabuena.

La gata Roma dijo...

Parece una frivolidad, pero cuando era pequeña besaba las reglas de una forma que no he vuelto ha hacerlo… creces y piensas que no es higiénico y además, dejar estampado el pintalabios tampoco te parece… claro, problemas de estos que no tienen los niños.
Todas las hermandades necesitan creer y cuidar a los que vienen, sólo así podremos irnos tranquilos.
Kisses

P.S. Siempre que te leo hablar de La Bofetá recuerdo a la familia Montes, a la que une gran amistad con la mía; hoy los has recordado tú, y me resulta curioso, o me alegra vértelo escrito.