lunes, 17 de noviembre de 2008

Vuelta a la vida


Quise sentir tu vuelta Señor, y a primera hora del sábado ya estaba de nuevo en tu Plaza, en mi Plaza, esa en la que Tú sabes bien, pasé mi infancia, esa en la que Tú sabes bien, se guardan mis amores, esa que tienen unos bancos de piedra para ver como la vida pasa y se escapa entre mis dedos, entre lágrimas y sonrisas, al ver que lo que ayer era algo a lo que aferrarme, algo mío y nuestro, hoy es como ese barco encerrado en una botella, que puedes mirar la vida entera, pero jamás volveras a ternerlo entre las manos.

Aún tenía fresco los recuerdos de los momentos vividos horas antes, cuando te vi Señor bajo ese balcón que tanto sabía de las saetas de mi abuelo, cuando cerré los ojos y quise sentir el quejío del inicio de una saeta por seguirillas…

Aún tenía el recuerdo Señor, de verte bajo el cancel de San Lorenzo, en ese momento, en que recordé tantas cosas, tantas oraciones, tantos recuerdos, de momentos no vividos que de tanto como nos lo han contado parecías revivirlos en carne propia, allí frente a frente, la mirada del Sin Poder de Dios y la Dulce mirada maternal que conforta para tirar hacia delante.

Pero cuando las primeras luces del día ya iluminaban tu plaza, a pesar del frío, quise sentarme en ella, en ese banco de piedra de mi niñez y revivir lo vivido.

La plaza de nuevo respiraba la vida, que parecía haber perdido en estos meses atrás, el bullicio de la gente se sentía de nuevo, quizás los primeros devotos, la primera boda, marcaban la vida renacida que se notaba en el bullicio recuperado del El Sardinero, la cera aún fresca regaba el camino que va de San Lorenzo a la Basílica, lo que dura una Semana Santa, de un beso al Señor en la madrugada del Domingo a tocar una puerta a la misma hora justo una semana más tarde.

Con Él, ha vuelto la vida a San Lorenzo, y aquí sentado en el banco de piedra de mis recuerdos , contemplo como en estos días de otoño caen las hojas de los plátanos de indias, como siempre fue, y contemplo como la vida pasa, los hombres pasan, pero Él siempre permanece.

3 comentarios:

Canónigo Alberico dijo...

Genial pepe lui, genial como no podía ser de otra manera

el aguaó dijo...

Ése es el verdadero secreto... todos pasaremos, pero Él y Ella seguirán.

Grandísima entrada amigo Pepe Luis.

Un abrazo.

El Humilladero dijo...

Soberbia Pepe Luis...
Un abrazo.