jueves, 6 de noviembre de 2008

Ignacio Sanchez Mejías, más allá del toreo


Mucho más que las lágrimas de Lorca en la elegía de su muerte, tras la cogida de Manzanares, mucho más que el cuñado de José, testigo directo de la tragedia de este último en Talavera, Ignacio Sánchez Mejías, matador de toros, era quizás un bohemio, quizás un soñador o quizás un espíritu aventurero imposible de domar, que iba por delante de su tiempo y que vivió de manera intensa y singular dentro fuera de las plazas.
Sin ir más lejos Andrés Amorós en su magnífica biografía lo comparó con Pablo Ruiz Picasso, Charles Chaplin o con Lawrence de Arabia y posiblemente de haber nacido norteamericano, sería fuente de inspiración para obras cinematográficas.
Curiosamente ese comentario has ido la fuente en la que se han inspirado recogido en el documental Ignacio Sanchez Mejías, más allá del toreo, que será estrenado en los próximos días en el Festival de Cine Europeo de Sevilla.
De él dijeron que como torero, se inventaba el peligro, que como persona era arrogante y altivo y que fue beneficiado por su parentesco con Joselito para entrar en los carteles.
Se enfrentó a los empresarios en su defensa del libre mercado, por lo que fue vetado para torear en Sevilla, por lo que tras acordarlo con el matador, banderilleó para de paisano un toro en la Maestranza, entre la aclamación del público. Los críticos, conchabados con las empresas lo atacaban, lo que motivó que se convirtiera en crítico de sus propias actuaciones, en el periódico La Unión.
Tras marcharse de los ruedos en 1927, en su casa nació la Generación del 27 e influenciado por estos escribió varias obras literarias, algunas con gran éxito, siendo conferenciante ocasional, pero no se quedó ahí pues también fue actor de cine, jugador de polo, automovilista, promotor fallido de un aeropuerto en Sevilla, presidente de la Cruz Roja o Presidente del Betis Balompié, el cual bajo su mandato construyó la primera cubierta de España en el campo del Patronato.
Tras volver a los toros, en 1934, el destino, como a José,e n Talavera, le tenía deparada una cita con la muerte en Manzanares, y como José aquel día sustituyendo a Rafael, Ignacio iba para sustituir a Domingo Ortega.
Sólo y sin cuadrilla, llegó el mismo a sacar las dos bolitas que le tocaron en suerte, en una de ellas, iba marcado el número 16, correspondiente a Granadino, cuya cornada le costaría tres días más tarde la vida…
Aires de eterna Roma Andaluza, para este triunfador de la vida, Ignacio Sánchez Mejías, que como dijera Lorca de él:
«Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace,
un andaluz tan claro, tan rico de aventura...».