martes, 26 de agosto de 2008

Despedida


Hoy he recorrido tus calles, me levanté temprano, y tras aspirar suavemente el conjunto de tus aromas me deje llevar, crucé por la Calzada hacia la Plaza del Cabildo y tomé por Capillita, volví a rezar aquella jaculatoria pueril que aprendí de sus labios y de su mano, tantas mañanas de domingo en que nos acercabamos a escuchar misa ante la Virgen del Carmen.
Tras esa oración tomé por Bolsa, "Borza" como siempre recordaré en la voz graciosa de aquella sanluqueña, y ante el azulejo de la Caridad, el mismo recuerdo de siempre, aquel aroma de los nardos que parecían habían venido por el río con nuestra llegada y que los había enviado nuestra patrona para que se exornase el pasito de la patrona sanluqueña y dejaran su esencia sobre las alfombras de sal, con las que jugaríamos cuando el paso ya hubiera pasado.
Llegado a la Plaza del Cabildo, aún no habían llegado ni el viejo del Museo del Mar con sus caracolas, ni el que vende los juguetes para los chiquillos, pero me reencontré con el viejo ateneo y como mi cuerpo me pedía un café, crucé por Amargura hacia el mercado para tras tomar mi inseparable sólo, dirigir mis pasos hacia el mercado, no sin antes disfrutar de los animados puestos exteriores con su venta de aceitunas, de esparragos, de pasteles, de almejas, de coquinas... y tras cruzar las puertas revivír el espectáculo único del pregonar de los comerciantes de sus productos, desde el cazón "pata negra" a las papas de Sanlúcar.
Tras esto, subí por la cuesta de Belén dejando a un lado las Cobachas y busqué el Barrio alto, y entre los balcones busqué los recuerdos que perdí en Sanlúcar, recuerdos de mi niñez, de mi adolescencia, de mi juventud y los que aún nos quedaran por vivir...
Todo aquello que cuando con el sol ya alto, me esperaba en aquella bodega, con el sabor de aquella manzanilla en rama en la que paladear y deleitarse, para aún mejor dejarse arrastrar por los recuerdos...
Cuando esta tarde me aleje de ti, recordaré aquellas veces en que desemboqué en tus calles procedente de ese nuevo vapor que eran Los Amarillos cuando llegaban al Pradillo, aquellas carreras de mi niñez alrededor de la fuente de la Plaza del Cabildo, de las apuestas en la Playa, de los helados de la Ibense, de los dulce de Casa Pozo y las tortas de la Merced, de las casetas rayadas en la playa, de los palcos, de las papas aliñás de Barbiana, de tus puestas de sol y de tus mágicas madrugadas...
Esas cosas que siempre recuerdo cuando nos llega la mareita de Sanlúcar al pasear por la orilla de Sevilla, que siempre es la orilla del río que desemboca en Barrameda.

2 comentarios:

Moe de Triana dijo...

Lo has bordao Pepeluí miarma, pero bordao de verdá, enorme el escalofrío que me ha recorrío de punta a cabo leyendo este relato, que aunque tenga tintes de despedida, no deja de ser una declaración de amor en toda regla miarma...


¡Ole!

Dama dijo...

Hablamos el mismo idioma.
Dentro de dos o tres meses, tendrás que volver, porque te pasará como a mí, que me lo pide el cuerpo.
Estupendo texto, escribes muy bien lo que significa Sanlúcar para los que nos apasiona.
Un abrazo con olor a manzanilla y un beso muy fuerte.