lunes, 11 de abril de 2011

Inocencia



Que ya has llegado, no me lo han dicho ni los machos de cartón en la calle herbolarios, ni el aroma del incienso en las esquinas, ni tan siquiera el azahar que cuaja los naranjos , ni el dulce trino de los vencejos cada atardecer en los árboles grandes de la plaza más bonita del universo. 
Que ya estás aquí, no lo dicen ni los balcones desnudos que esperan vestirse de palmas de hosannas ni los pasos que ya esperan en las iglesias, ni el aroma de los espartos que ya perfuma esa habitación que ya aguarda las túnicas colgadas... 
Nada de eso, que ya has llegado me lo ha dicho la inocencia de los niños que hoy ya corren por la rampla, igual que tú ayer, igual que será mañana, caras de ilusión que se refleja en el cristal del escaparate de La Campana con nazarenos bomboneras a los que cada años hay que sacarle el dobladillo de la memoria que te trae de nuevo a la infancia, patrimonio que estos días  vuelve a renacer en ti y que no entiende de polémicas a pocos días de la jornada más esperada.
Que ya has llegado me lo ha dicho María, cuando con su sonrisa inocente correteaba sobre las maderas del Salvador, estrenando sin saberlo el patrimonio cándido de la vida que estos días nos aguarda, esa que vuelve a salir del viejo arca de la memoria y que te trae de nuevo a ese niño que correteaba sobre la rampla.

1 comentario:

Dama dijo...

Volver a la infancia en la rampla del Salvador. Lo has contado muy bien, la pena es lo que tarda en pasar un año.